sábado, marzo 10, 2007

LA EDUCACIÓN PARA LOS MEDIOS: Bolívar Chiriboga


Bolívar Chiriboga Profesor Agregado Universidad Politécnica Salesiana Facultad de Ciencias Humanas y Sociales Comunicación Social y Antropología Aplicada Quito-Ecuador Email:
José Martínez-de-Toda y Terrero (1999, 32) elabora la siguiente definición de educación para los medios:


"Educación para los medios es un proceso que busca formar en el sujeto estas dimensiones educativas: alfabetizado mediáticamente, consciente, activo, crítico, social, y creativo, pero entendido según las teorías más recientes. Tal educación le permitirá participar más plenamente en la cultura popular contemporánea, tal como es presentada en los media masivos"


La pretensión, según este autor, es que el sujeto pueda participar como co-creador y coautor de la cultura popular contemporánea. Para Martínez-de-Toda y Terrero cultura sería un "sistema de significados y valores compartidos que se expresan a través de símbolos" (1999: 32). En este contexto, la educación para los medios permitiría que los sujetos sepan aprovechar los elementos positivos y estar alertas frente a los elementos negativos de los medios.Tal como consta en la definición de este autor (supra), él plantea la necesidad de considerar seis dimensiones en la educación para los medios y, a través de ellas, elabora una "teoría del sujeto como factor integrador de todas esas dimensiones" (1999:31). Según esta teoría, el sujeto, en diferentes días, edades y contextos sociales reacciona de manera distinta frente a los medios. Cada una de estas dimensiones permite, aproximarse a un conocimiento más profundo de la identidad, la subjetividad y la conciencia del sujeto.Siguiendo a nuestro autor, vamos a realizar una breve descripción del sujeto considerado desde las seis dimensiones mencionadas. Así, la alfabetización mediática se hace necesaria para que el sujeto esté en capacidad de comprender íntegramente y de forma rápida lo que se le quiere comunicar. Adicionalmente, se necesita un sujeto consciente acerca de la manera en que funcionan los medios y sus procesos de producción, así como de sus intereses comerciales. De esta manera, podrá diferenciar y entender de mejor forma las razones por las que los medios presentan elementos antisociales como la violencia, prejuicios, etc. El sujeto debe ser activo frente a los medios. Esto le permitirá disfrutar de su posibilidad real de deconstruir y reconstruir los significados de los medios desde su propia identidad y contexto sociocultural pero, siempre a partir de una actitud crítica respecto de las ideologías que suelen estar ocultas en los mensajes de los medios y, desde una conciencia de ser social influenciado por diferentes mediaciones culturales, familiares y personales. A partir de esto, podrá crear su propia interpretación por medio de su resignificaciones y, sobretodo, estará en capacidad de crear textos originales para expresar sus propias ideas y sentimientos para aportar en la construcción de una sociedad mejor y en el fortalecimiento y revitalización de su cultura.La educomunicación debe ser abordada desde la perspectiva de la interdisciplinariedad (en principio desde dos disciplinas: la educación y la comunicación). Al hablar de interdisciplinariedad nos referimos a una relación dialéctica entre tres dimensiones:

Epistemológica: que tiene que ver con el nivel teórico, es decir con el plano científico de las diferentes disciplinas.

Pedagógica: la relación de las disciplinas en el plano de la enseñanza y la investigación. La dimensión pedagógica debe fundamentarse en la epistemología para tener una verdadera base teórico- científica.


Social: que es el resultado de las demandas de la sociedad. La sociedad entera o ciertos grupos sociales plantean de manera cada vez más frecuente temas de estudio e investigación que no calzan en el marco de ninguna de las existentes disciplinas. La educomunicación es un ejemplo en este sentido, puesto que no puede ser estudiada o investigada exclusivamente desde la educación o desde la comunicación y, por lo tanto, debe recibir un tratamiento multidisciplinar.

Es necesario recordar, además, que la realidad es construida socialmente. Esto quiere decir que los seres humanos somos capaces de crear realidades a través del lenguaje. Cuando decimos algo de un modo o de otro, o cuando no decimos nada, abrimos y cerramos posibilidades para nosotros mismos y para los otros. Al hablar modelamos nuestro futuro y el de los demás, modelamos nuestra identidad y el mundo en que vivimos.Por otro lado, apuntemos que los seres humanos percibimos e interpretamos la realidad a través de esquemas mentales que no son compartidos universalmente sino que están condicionados por la cultura a la que pertenecemos.


Las categorías por medio de las cuales filtramos el mundo de los fenómenos no son naturales, son adquiridas culturalmente y compartidas de manera convencional por los miembros de una comunidad.Los medios de comunicación son capaces de crear realidades a través del lenguaje que emplean. Estas realidades creadas por los medios de comunicación no serán percibidas e interpretadas de la misma manera por personas pertenecientes a las distintas comunidades culturales. El reto de la educomunicación será, entonces, proporcionar las herramientas necesarias para que dichas personas puedan percibir e interpretar las "realidades" creadas por los medios de comunicación desde sus propios esquemas y categorías, sin que esto implique un proceso de alienación o aculturación, sino una posibilidad de enriquecimiento y desarrollo de su cultura por medio de un apropiado procesamiento de esas realidades creadas, la posibilidad de analizar críticamente esos mensajes para poder tomar de ellos lo que les sirva para crecer y desarrollarse y filtrar o desechar todo aquello que no les sea útil para este propósito.Entendemos la educomunicación como el estudio de los medios de comunicación y su influencia en las diferentes sociedades y culturas Su objeto es introducir los medios de comunicación en la escuela, justamente pera impulsar procesos de comprensión y transformación del papel colonizador de la educación y la comunicación.Se habla de la eliminación del colonialismo, sin embargo, la relación entre la cultura occidental y las otras culturas sigue siendo una relación de dominación colonial. En otras palabras, la colonialidad sigue presente. No se trata solo de una subordinación "externa" de las otras culturas a la occidental. Se trata de una colonización del imaginario de los dominados que se manifiesta en una represión sistemática de creencias, imágenes, ideas, símbolos o conocimientos que no son útiles para la dominación colonial global. A esto se suma la imposición del uso de los patrones de expresión propios de los dominadores, sus creencias e imágenes respecto a lo sobrenatural que han servido para impedir la producción cultural de los dominados y como medios muy eficaces de control social y cultural. También se impone una imagen mistificada de sus propios patrones de producción de conocimiento y significaciones. Así, la cultura occidental se convierte en una vía de acceso al poder. Pasa a ser un modelo cultural universal.La concepción de occidente según la cual su cultura es la única "racional" y que, en consecuencia, es la única que puede tener "sujetos" implica que las demás culturas no son "racionales" y, en consecuencia, son diferentes, pero sobre todo, desiguales, inferiores por naturaleza. En este sentido, la relación entre la cultura occidental y las otras culturas se establece y se mantiene como una relación entre "sujeto" y "objeto". Así se bloquea toda relación de comunicación e intercambio de conocimientos y de modos de producir conocimientos entre las culturas, ya que este paradigma implica que entre "sujeto" y "objeto" no puede haber sino una relación de exterioridad. Dicho paradigma de conocimiento racional fue elaborado en el contexto y como parte de una estructura de poder que implicaba su dominación colonial sobre el resto del mundo. De este modo se expresa la colonialidad de esa estructura de poder.En este contexto, la educomunicación debe promover la descolonización de la escuela y de la comunicación a través de procesos como los siguientes:



  • de liberación de producción de conocimiento, de la reflexión y de la comunicación de la trampa de la racionalidad- modernidad occidental;


  • de destrucción de la colonialidad del poder mundial, es decir, de descolonización epistemológica para dar paso a una nueva comunicación intercultural, a un intercambio de experiencias y de significaciones como la base de otra racionalidad que pueda pretender legítimamente alguna universalidad;


  • de la liberación de las relaciones interculturales de la prisión de la colonialidad para propiciar la libertad de todas las gentes de optar individual o colectivamente en tales relaciones; la libertad de opción entre las diversas orientaciones culturales, la libertad de producir, criticar, cambiar o intercambiar cultura y sociedad;
    de impulsar la liberación social de todo poder organizado como desigualdad, como discriminación, como explotación, como dominación.

¿Qué características tienen los medios de comunicación que los convierte en materiales aptos para su uso en la escuela?


1. La posibilidad de establecer una relación interactiva de los medios de comunicación con otros componentes del curriculum. Entendemos por curriculum la consideración de todas las características que asume en su puesta en acción la situación de enseñanza-aprendizaje.


2. Son activadores de conocimientos. Permiten partir del saber de los estudiantes.


3. Posibilitan la alternancia con la actividad del sujeto en su realidad. Si el sujeto debe actuar en verdad con su realidad, es allí donde debe encontrar respuestas. Los medios, en este sentido, pueden ayudarle a hacer preguntas, a orientarse para enfrentarse con el problema sin darle conclusiones ni soluciones acabadas.


4. Permiten la integración de teoría y práctica. En este sentido, los medios pueden acompañar al proceso de acción- reflexión- acción que deberá cumplir el estudiante. Servirán como fuente de información o confrontación. Los medios no deberán proporcionar respuestas, sino plantear conflictos, dilemas, alternativas, y, especialmente, promover una permanente relación dialogal práctica- teoría práctica; acción- reflexión- acción.


5. El aprendizaje debe ser significativo para el que aprende. El uso de los medios en el aula tendrá, entonces, en cuenta los intereses inmediatos de los distintos grupos de alumnos que, aún en un mismo país pueden pertenecer a diferentes culturas y realidades. En este sentido, más que contenidos, los medios deben ofrecer herramientas para la investigación. Ayudarán a promover la integración y funcionamiento de grupos de estudio que coadyuven en la destrucción de conductas estereotipadas, en la reestructuración de los modos de pensar y de enfrentarse a distintas situaciones y, a "poder realizar una adaptación activa a la realidad"


6. El rescate del entorno como ambiente de aprendizaje. Los medios remiten a la realidad y los estudiantes la usarán como campo experimental. Los contenidos de los medios deberán, con este propósito, presentarse con relación a situaciones problemáticas en función de cuya resolución gire todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. La presentación de contenidos como proyectos de acción impide que el estudiante se maneje exclusivamente con elementos teóricos que muchas veces no tienen ningún significado para él y le proporciona la oportunidad para corroborar los elementos teóricos con sus experiencias prácticas. De esta forma, "cada unidad curricular puede convertirse en un proceso de investigación", en un proceso de construcción de hipótesis, de explicación y acción sobre la realidad, para cuya comprobación, el estudiante tendrá que regresar a las fuentes informativas, es decir, a las asignaturas del currículo. Los medios no contienen todo, sino partes comparables o combinables según su naturaleza (impresos, visuales, audiovisuales, informáticos, etc), que el estudiante habrá de completar con sus propios aportes.


7. Participación real (no simbólica) del estudiante en su proceso de aprendizaje. Para este propósito, los estudiantes deberán generar materiales producto de su acción investigativa. Así, los medios activarán la relación entre los que enseñan y los que aprenden, permitirán el reconocimiento del valor de los aportes que serán fruto de la experiencia de personas que son, de hecho, hacedoras de cultura y protagonistas de su propia historia y, en consecuencia, poseedoras de saberes y conocimientos para aportar y enriquecer el proceso de enseñanza-aprendizaje.


8. Manejo autónomo y crítico de la información. Los medios que son de hecho fuente de información, asumen, aquí, un papel destacado. Deberían, entonces, convertirse en ejercitadores de las operaciones del pensamiento reflexivo (analizar, describir, comparar, sintetizar, relacionar, clasificar, etc.) que posibiliten adquirir o mejorar las habilidades intelectuales necesarias para comprender, seleccionar y analizar la información.


BIBLIOGRAFÍA
CAPELLA, Jorge, Interculturalidad e Interdisciplinariedad: Un planteamiento epistemológico desde la educación, Revista Allpanchis Nº 42, Año XXV, Segundo Semestre, Instituto de Pastoral Andina, 1996.
CHOMSKY, Noam, Democracia y Medios de Comunicación, Rev. ALAI, Quito, diciembre de 1993. En: NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.), La educomunicación: Un desafío para el cambio, UPS, Quito, 2.000.
CHIRIBOGA, Bolívar, Investigación sobre el papel de los medios de comunicación televisivos en los acontecimientos del 21 de enero del 2.000, Master en Docencia con Mención en Educomunicación, Quito, 2.000, s/p.
GALEANO, Eduardo, Medios de incomunicación, Rev. Cadro a Cuadro Nº 10, Asocine, Quito, 1995. En: NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.): "La educomunicación: Un desafío para el cambio", Editorial UPS, Quito, 2.000
GUTIERREZ, Francisco:, Hacia una pedagogía basada en los medios de comunicación social (Experiencias concretas en América Latina), Ed. Paulinas, Bogotá, 1974. En: NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.) , UPS, Quito, 2.000.
LIZARAZO, Diego, La reconstrucción del Significado (Ensayos sobre la recepción social de los mass media, Addison Wesley Longman, México, 1988. En: NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.) La educomunicación: Un desafío para el cambio, UPS, Quito, 2.000.
MAC LAREN, Peter, Pedagogía Crítica y Cultura Depredadora, Paidós, Barcelona, 1997. En: NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.): "La educomunicación: Un desafío para el cambio", Editorial UPS, Quito, 2.000
MARTÍNEZ -DE-TODA Y TERRERO, José, Las seis dimensiones en la educación para los medios. (Metodología de Evaluación), martinezdetoda@unigre.urbe.it, Universidad Gregoriana, Italia, 1999
MARTÍNEZ, Irene, Tres pilares de la Educación para los Medios, 1999
NARANJO, María Paulina & TAPIA, Diego (Comp.):, La educomunicación: Un desafío para el cambio, UPS, Quito, 2.000.
OROZCO, Guillermo, La investigación de la recepción y la educación para los medios: Hacia una articulación pedagógica de las mediaciones en el proceso educativo (México), en Educación para la Comunicación (Manual Latinoamericano), Ed. CENECA, Santiago de Chile, 1992. En: NARANJO, María & TAPIA, Diego (Comp.) La educomunicación: Un desafío para el cambio, UPS, Quito, 2.000.
QUIJANO, Anibal, Colonialidad y Modernidad- Racionalidad, En. TAPIA, Diego (Comp): Comunicología, Ciencia y Cultura, UPS, Quito, 1997.
ROGGIERO, María, Producción de Materiales Audiovisuales para Sistemas Educativos a Distancia. Un Planteamiento Crítico, Tercer Encuentro Iberoamericano de Educación a Distancia. En: TAPIA, Diego (Comp): Comunicología, Ciencia y Cultura, Editorial UPS, Quito, 1997.

La educacion para los medios de comunicacion


Por: Roberto Aparici

La tec­no­lo­gía de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción ha trans­for­ma­do el mo­do de con­ce­bir y ac­ce­der a la in­for­ma­ción. Lo que ha­ce po­cos años se veía co­mo tec­no­lo­gía fu­tu­ris­ta aho­ra es ac­ce­si­ble a to­dos los ciu­da­da­nos. Ca­si to­dos los ar­gen­ti­nos cuen­tan con, al me­nos, un te­le­vi­sor; un por­cen­ta­je con­si­de­ra­ble cuen­ta con vi­deo­ca­se­te­ras y, en los nú­cleos ur­ba­nos, el ac­ce­so a la te­le­vi­sión por ca­ble es ca­da vez más fre­cuen­te. Prác­ti­ca­men­te to­dos los ar­gen­ti­nos cuen­tan con un apa­ra­to de ra­dio, sin con­tar el ac­ce­so ca­da vez más fre­cuen­te que es­tán te­nien­do a la com­pu­ta­do­ra. Los sis­te­mas edu­ca­ti­vos de to­do el mun­do han te­ni­do ac­ce­so a la tec­no­lo­gía dis­po­ni­ble y han he­cho uso de ella en di­fe­ren­tes gra­dos y es fre­cuen­te ha­llar en mu­chos de los paí­ses de­sa­rro­lla­dos gran nú­me­ro de es­cue­las equi­pa­das con or­de­na­do­res y al­gu­nas de ellas, so­bre to­do en re­gio­nes re­mo­tas, es­tán en­la­za­das con mo­dem, fax o in­clu­so por sis­te­mas de te­le­vi­sión in­te­rac­ti­va.


Hoy en día las cá­ma­ras, las gra­ba­do­ras y los or­de­na­do­res son tan co­rrien­tes y esen­cia­les co­mo los li­bros, los bo­lí­gra­fos y los lá­pi­ces lo fue­ron en otras épo­cas.

Hoy con­vi­ven en Ar­gen­ti­na for­mas de co­mu­ni­ca­ción de ca­rác­ter con­ven­cio­nal co­mo la es­cri­ta y otras for­mas nue­vas co­mo las au­dio­vi­sua­les y las in­for­má­ti­cas. A ni­vel so­cial pue­de de­cir­se que las nue­vas tec­no­lo­gías de la in­for­ma­ción y de la co­mu­ni­ca­ción es­tán pre­sen­tes en mu­chas de las ex­pe­rien­cias co­ti­dia­nas y no re­sul­tan ex­tra­ñas o aje­nas a la so­cie­dad ar­gen­ti­na, es­pe­cial­men­te el sec­tor de la po­bla­ción com­pren­di­do en edad de es­co­la­ri­za­ción. Te­le­vi­sión, ra­dio, his­to­rie­tas, dis­cos, com­pu­ta­do­ras o vi­deo­jue­gos son me­dios cer­ca­nos a la ex­pe­rien­cia co­ti­dia­na de ni­ños y jó­ve­nes.

Es­tas for­mas de co­mu­ni­ca­ción e in­fo­ma­ción ape­nas es­tán en­tran­do en las es­cue­las y, de al­gu­na ma­ne­ra, hay se­rias re­sis­ten­cias pa­ra su in­cor­po­ra­ción en el sis­te­ma edu­ca­ti­vo, que no de­pen­de ne­ce­sa­ria­men­te de re­cur­sos eco­nó­mi­cos, si­no de vin­cu­lar, for­mar y com­pro­me­ter a los pro­fe­so­res en for­mas de co­mu­ni­ca­ción cer­ca­nas a la per­cep­ción y al con­tex­to de ni­ños y jó­ve­nes y, al mis­mo tiem­po, a la ne­ce­si­dad ur­gen­te de sen­si­bi­li­zar a ad­mi­nis­tra­do­res y po­lí­ti­cos de la edu­ca­ción para de­sa­rro­llar pro­pues­tas, pro­yec­tos e in­ves­ti­ga­cio­nes que vin­cu­len las nue­vas for­mas de co­mu­ni­ca­ción con la en­se­ñan­za y el apren­di­za­je.

La en­se­ñan­za de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción no es un área de co­no­ci­mien­to re­cien­te. In­gla­te­rra co­men­zó a in­tro­du­cir la en­se­ñan­za del ci­ne en la edu­ca­ción en la dé­ca­da del trein­ta. Pe­ro, trein­ta años des­pués se­rá cuan­do or­ga­ni­ce y de­sa­rro­lle un cuer­po teó­ri­co a par­tir de las in­ves­ti­ga­cio­nes y pu­bli­ca­cio­nes rea­li­za­das por el Bri­tish Film Ins­ti­tu­te. En la ac­tua­li­dad In­gla­te­rra cuen­ta con un cu­rrí­cu­lum es­pe­cí­fi­co pa­ra la edu­ca­ción pr­ma­ria y se­cun­da­ria en as­pec­tos vin­cu­la­dos con los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Asi­mis­mo en mu­chas Uni­ver­si­da­des co­mo la de Lon­dres, Not­hing­ham o la Open Uni­ver­sity, cuen­tan con pro­gra­mas es­pe­cí­fi­cos pa­ra la for­ma­ción so­bre la en­se­ñan­za de los me­dios, des­ti­na­dos a maes­tros, a ani­ma­do­res so­cio­cul­tu­ra­les y a li­cen­cia­dos.


Por otra par­te a prin­ci­pios de la dé­ca­da del se­ten­ta, se de­sa­rro­lla­ron en Es­ta­dos Uni­dos al­gu­nas de las ex­pe­rien­cias de aná­li­sis de los me­dios más pro­gre­sis­tas a ni­vel in­ter­na­cio­nal, que fue­ron mar­gi­na­das, ais­la­das o so­fo­ca­das du­ran­te las ad­mi­nis­tra­cio­nes de Rea­gan y Bush. Du­ran­te la ges­tión de Clin­ton vuel­ven a re­to­mar­se al­gu­nos de los plan­tea­mien­tos de los se­ten­ta y se po­ne en prác­ti­ca en for­ma ex­pe­ri­men­tal un cu­rrí­cu­lum so­bre me­dios de co­mu­ni­ca­ción en es­cue­las pri­ma­rias del es­ta­do de Nue­vo Méxi­co. Asi­mis­mo, la la­bor que se es­tá de­sa­rro­llan­do en di­fe­ren­tes ins­ti­tu­cio­nes sin fi­nes de lu­cro, co­mo Stra­te­gies for Me­dia Li­te­racy de San Fran­cis­co, Te­le­me­dia de Mary­land (Wis­con­sin) o uni­ver­si­da­des co­mo Har­vard o North Ca­ro­li­na, per­mi­ten ha­blar de un re­na­ci­mien­to de la edu­ca­ción au­dio­vi­sual en ese país.

Aus­tra­lia es el país que a par­tir de los se­ten­ta ha de­sa­rro­lla­do un cu­rrí­cu­lum obli­ga­to­rio pa­ra la en­se­ñan­za de los me­dios en la edu­ca­ción pri­ma­ria y se­cun­da­ria. Los maes­tros re­ci­ben en su for­ma­ción ini­cial co­no­ci­mien­tos, téc­ni­cas y me­to­do­lo­gías con­sus­tan­cia­les con la prác­ti­ca au­dio­vi­sual, que se­rán ne­ce­sa­rias a la ho­ra de de­sa­rro­llar un pro­gra­ma so­bre me­dios. En es­tos mo­men­tos es­tán de­sa­rro­llan­do in­ves­ti­ga­cio­nes vin­cu­la­das con la eva­lua­ción de las di­fe­ren­tes me­to­do­lo­gías que es­tán lle­van­do a ca­bo.

Ca­na­dá ha de­sa­rro­lla­do, tam­bién, cu­rrí­cu­los obli­ga­to­rios pa­ra la en­se­ñan­za de los me­dios y los pro­fe­so­res re­ci­ben una for­ma­ción es­pe­cí­fi­ca en es­te cam­po. La Guía pa­ra la En­se­ñan­za de los Me­dios rea­li­za­da por el Mi­nis­te­rio de Edu­ca­ción y la As­so­cia­tion for Me­dia Li­te­racy (AML) de To­ron­to ha si­do un ma­te­rial ines­ti­ma­ble pa­ra la con­for­ma­ción de un cuer­po teó­ri­co y prác­ti­co den­tro del mun­do an­glo­sa­jón.

En el con­tex­to de es­ta nue­va len­gua, Es­pa­ña aca­ba de in­tro­du­cir en sus nue­vos cu­rrí­cu­los pa­ra la edu­ca­ción pri­ma­ria y se­cun­da­ria la en­se­ñan­za de los me­dio­s. Es­to sig­ni­fi­ca que en dis­ci­pli­nas co­mo Len­gua, So­cia­les, Edu­ca­ción Ar­tís­ti­ca y Plás­ti­ca se in­cor­po­ran de ma­ne­ra trans­ver­sal es­tos con­te­ni­dos. Al mis­mo tiem­po en el ni­vel se­cun­da­rio, los alum­nos pue­den ele­gir asig­na­tu­ras op­ta­ti­vas co­mo Pro­ce­sos de Co­mu­ni­ca­ción, Ima­gen y Ex­pre­sión o Co­mu­ni­ca­ción Au­dio­vi­sual. Asi­mis­mo ca­da es­cue­la pue­de de­sa­rro­llar sus pro­pias asig­na­tu­ras op­ta­ti­vas vin­cu­la­das con las ne­ce­si­da­des del en­tor­no y los in­te­re­ses de los alum­nos. Des­de el ám­bi­to uni­ver­si­ta­rio se for­man pro­fe­sio­na­les en el aná­li­sis y la pro­duc­ción de imá­ge­nes en la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Edu­ca­ción a Dis­tan­cia (UNED).

En el con­tex­to la­ti­noa­me­ri­ca­no se han de­sa­rro­lla­do en el cam­po de la edu­ca­ción no for­mal pro­gra­mas so­bre edu­ca­ción en los me­dios en Bra­sil, Chi­le, Mé­xi­co, Co­lom­bia, Ar­gen­ti­na, Cos­ta Ri­ca.
En Ar­gen­ti­na, en nin­gún ca­so has­ta el mo­men­to es­tas en­se­ñan­zas for­man par­te del cu­rrí­cu­lum y las ex­pe­rien­cias de los maes­tros en el cam­po de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción es­tá li­mi­ta­da a la es­ca­sa y a ve­ces ine­xis­ten­te for­ma­ción que re­ci­ben en es­te cam­po. En la ma­yo­ría de los ca­sos la ex­pe­rien­cia de los maes­tros ar­gen­ti­nos con los me­dios de co­mu­ni­ca­ción es­tá es­tre­cha­men­te vin­cu­la­da a su pa­pel de con­su­mi­dor de men­sa­jes y a su sen­ti­mien­to de im­po­ten­cia de no sa­ber qué ha­cer en el au­la fren­te a las pro­pues­tas que, so­bre to­do, la te­le­vi­sión ofre­ce a ni­ños y ni­ñas.

¿qué es la educación audiovisual?
El uso y el ac­ce­so a la tec­no­lo­gía de los me­dios es un pe­que­ño as­pec­to de la edu­ca­ción au­dio­vi­sual. Lo más im­por­tan­te es la com­pren­sión por par­te del alum­no de có­mo es­tán cons­truidos los do­cu­men­tos au­dio­vi­sua­les y el sig­ni­fi­ca­do con fre­cuen­cia im­plí­ci­to en su cons­truc­ción. La edu­ca­ción au­dio­vi­sual se ocu­pa tam­bién de cues­tio­nes más am­plias re­la­ti­vas al do­cu­men­to, co­mo su ca­rác­ter ins­ti­tu­cio­nal, el con­tex­to cul­tu­ral en el que ha si­do pro­du­ci­do y en el que es con­tem­pla­do y, en fun­ción de aquél, en el man­te­ni­mien­to de la ideo­lo­gía do­mi­nan­te.

Es­ta­mos en una épo­ca de con­mo­cio­nes tec­no­ló­gi­cas que po­ne en cues­tión la re­la­ción en­tre al­fa­be­ti­za­ción y so­cie­dad, qui­zá si­mi­lar a la in­tro­duc­ción de la im­pren­ta.

Ty­ner se­ña­la que “co­mo es­ta­mos en me­dio de cam­bios tu­mul­tuo­sos, na­die com­pren­de en­te­ra­men­te lo que nos es­tá su­ce­dien­do. Por mu­cho que sin­ta­mos nos­tal­gia o eche­mos de me­nos las pe­que­ñas es­cue­las de tiem­pos pa­sa­dos, te­ne­mos que em­pe­zar a asu­mir que no se va a vol­ver atrás, a un mun­do de­fi­ni­do por la pa­la­bra im­pre­sa y ha­bla­da” (1).

El en­tor­no que nos ro­dea es­tá con­for­ma­do por las nue­vas tec­no­lo­gías de la in­for­ma­ción y de la co­mu­ni­ca­ción. Y de al­gu­na ma­ne­ra nues­tra so­cie­dad y nues­tra épo­ca só­lo pue­den en­ten­der­se si se ma­ne­jan al­gu­nos de los có­di­gos con­sus­tan­cia­les a las nue­vas tec­no­lo­gías. Y el com­pro­mi­so his­tó­ri­co que tie­ne Ar­gen­ti­na con sus ciu­da­da­nos es ca­pa­ci­tar­los pa­ra en­fren­tar to­dos los de­sa­fíos que im­pli­ca el uso de las tec­no­lo­gías de la in­for­ma­ción y de la co­mu­ni­ca­ción.

Los cam­bios pro­fun­dos que se vi­ven año tras año en el cam­po tec­no­ló­gi­co y co­mu­ni­ca­cio­nal y, por su­pues­to, en la vi­da de mi­llo­nes de ar­gen­ti­nos no es­tán re­fle­ja­dos en el ám­bi­to es­co­lar. Co­ti­dia­na­men­te vi­vi­mos con las más di­ver­sas for­mas y ex­pre­sio­nes de la tec­no­lo­gía pe­ro en las es­cue­las aún no se han de­sa­rro­lla­do pro­gra­mas o pro­yec­tos que acer­quen la rea­li­dad tec­no­ló­gi­ca que vi­ve la so­cie­dad a la que se vi­ve en las au­las.

Y son los pro­fe­sio­na­les quie­nes, pre­ci­sa­men­te, pue­den ha­cer mu­cho pa­ra ex­pli­car la re­la­ción en­tre la al­fa­be­ti­za­ción, la tec­no­lo­gía y la so­cie­dad, y quie­nes pue­den de­ter­mi­nar el rum­bo de la edu­ca­ción mo­der­na. Y la edu­ca­ción mo­der­na pa­sa no só­lo por co­no­cer las ope­ra­cio­nas bá­si­cas de la lec­toes­cri­tu­ra y el cál­cu­lo, si­no tam­bién por ana­li­zar, com­pren­der los len­gua­jes de la tec­no­lo­gía y de la co­mu­ni­ca­ción de es­te fin de si­glo y ex­pre­sar­se con ellos.

los argentinos y la tecnología
Se pre­ci­san pla­nes y pro­yec­tos que no só­lo ab­sor­ban el ac­ce­so a la in­for­ma­ción, si­no tam­bién en­se­ñen los prin­ci­pios y es­tra­te­gias que ayu­den a los alum­nos a de­co­di­fi­car, ana­li­zar, eva­luar y pro­du­cir co­mu­ni­ca­ción en una mul­ti­pli­ci­dad de for­mas.


Des­de es­ta pers­pec­ti­va, de­be en­ten­der­se la ur­gen­cia de in­cor­po­rar pro­yec­tos, pro­gra­mas y cur­sos en Al­fa­be­ti­za­ción Au­dio­vi­sual (Me­dia Li­te­racy).

Se­gún la de­fi­ni­ción adop­ta­da en el Con­gre­so In­ter­na­cio­nal (1989) con­vo­ca­do por la As­so­cia­tion For Me­dia Li­te­racy de Ca­na­dá, Me­dia Literacy es la ca­pa­ci­dad de de­co­di­fi­car, ana­li­zar, eva­luar y co­mu­ni­car­se en una va­rie­dad de for­mas. Y lo que se pre­ten­de es que los jó­ve­nes de­sa­rro­llen es­ta des­tre­zas y ac­ti­tu­des en fun­ción de las múl­ti­ples for­mas de co­mu­ni­ca­ción cer­ca­nas a su mun­do (2).

Tra­ba­jar con el len­gua­je au­dio­vi­sual pue­de en­ri­que­cer nues­tra per­cep­ción es­té­ti­ca. Pe­ro eso so­lo no es su­fi­cien­te. A­de­más de de­sa­rro­llar el gus­to y la sen­si­bi­li­dad pa­ra el so­ni­do, la ima­gen, el tex­to, de­be­mos de­ve­lar nue­vas di­men­sio­nes a ni­vel del con­te­ni­do y de su es­truc­tu­ra pa­ra in­fe­rir esos aná­li­sis den­tro de una pers­pec­ti­va de con­jun­to. Pe­ro es­to tam­po­co es su­fi­cien­te. Se ha­ce ne­ce­sa­rio que ade­más de de­sa­rro­llar pro­ce­sos que im­pli­quen dis­fru­tar de los me­dios, ana­li­zar y com­pren­der su fun­cio­na­mien­to en re­la­ción con sus au­dien­cias, los jó­ve­nes pue­den ex­pre­sar­se a tra­vés de los me­dios, es de­cir, pue­den rea­li­zar men­sa­jes con di­fe­ren­tes ti­pos de so­por­te.

De­ci­mos que una per­so­na es­tá al­fa­be­ti­za­da cuan­do ade­más de leer (de­co­di­fi­car) una se­rie de sig­nos, pue­de pro­du­cir (co­di­fi­car) una se­rie de men­sa­jes que le per­mi­ti­rán co­no­cer y com­pren­der su en­tor­no al mis­mo tiem­po que po­drá co­mu­ni­car­se de una for­ma más di­ná­mi­ca y va­ria­da con el mun­do que lo ro­dea. Un in­di­vi­duo es­ta­rá al­fa­be­ti­za­do en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción cuan­do ade­más de leer men­sa­jes au­dio­vi­sua­les es­té en si­tua­ción de po­der pro­du­cir nue­vos men­sa­jes en di­fe­ren­tes có­di­gos que le per­mi­ti­rán trans­fe­rir es­tos apren­di­za­jes a si­tua­cio­nes nue­va­s. Es­to sig­ni­fi­ca que po­drá tras­la­dar a di­fe­ren­tes si­tua­cio­nes de la vi­da co­ti­dia­na don­de es­tán pre­sen­tes los me­dios de co­mu­ni­ca­ción los co­no­ci­mien­tos apren­di­dos so­bre el mun­do au­dio­vi­sual, del mis­mo mo­do que lo ha­ce un in­di­vi­duo cuan­do tras­la­da a las más di­ver­sas si­tua­cio­nes de la vi­da el apren­di­za­je que ha te­ni­do con la lec­toes­cri­tu­ra.

formación de profesores y alumnos
El di­se­ño y la pues­ta en mar­cha de un plan de for­ma­ción de pro­fe­so­res y alum­nos que ac­tua­li­ce y de al­gu­na ma­ne­ra logre ho­mo­ge­neizar un cor­pus teó­ri­co bá­si­co que sus­ten­te la prác­ti­ca edu­ca­ti­va en los di­fe­ren­tes ni­ve­les de en­se­ñan­za de­be ser uno de los pri­me­ros pa­sos, que de­be ser acom­pa­ña­do por la in­clu­sión en los pla­nes de es­tu­dio de los fu­tu­ros pro­fe­so­res que ha­brán de in­cluir a los me­dios au­dio­vi­sua­les co­mo ob­je­to de es­tu­dio.


Los es­tu­dios so­bre Edu­ca­ción pa­ra los Me­dios de Co­mu­ni­ca­ción de­ben con­si­de­rar al me­nos tres gran­des as­pec­tos u orien­ta­cio­ne­s. En pri­mer lu­gar, los me­dios de co­mu­ni­ca­ción pue­den con­si­de­rar­se co­mo ma­ni­fes­ta­cio­nes so­cia­les que se si­túan den­tro de la in­dus­tria de la in­for­ma­ción y del en­tre­te­ni­mien­to. En se­gun­do lu­gar, los po­de­mos con­si­de­rar agen­tes de de­ter­mi­na­dos mo­de­los co­mu­ni­ca­ti­vos (emi­sores) que pro­du­cen men­sa­jes de los que so­mos des­ti­na­ta­rios (re­cep­to­res) y, por úl­ti­mo, los po­de­mos con­si­de­rar des­de la pers­pec­ti­va de la es­truc­tu­ra, el con­te­ni­do y la for­ma que tie­nen los men­sa­jes co­mo ca­te­go­rías de dis­cur­so o tex­tos con los que el es­pec­ta­dor en­tra en con­ta­co y los tra­ta de tú a tú.

Así pues nos en­con­tra­mos an­te un fe­nó­me­no de una tri­ple di­men­sión: so­cial (mass me­dia), lin­güís­ti­ca (mo­de­los co­mu­ni­ca­ti­vos) y se­mió­ti­ca (dis­cur­sos y tex­tos au­dio­vi­sua­les).

Cuan­do plan­tea­mos co­mo ne­ce­sa­rio que cual­quier es­tra­te­gia edu­ca­ti­va so­bre los me­dios de­be con­tem­plar ine­xo­ra­ble­men­te ac­ti­vi­da­des tan­to de lec­tu­ra co­mo de crea­ción de men­sa­jes (imá­ge­nes, so­ni­dos, grá­fi­co­s, etc.), es­ta­mos ha­cien­do una re­fe­ren­cia a los si­guien­tes as­pec­tos: con la lec­tu­ra de­sa­rro­lla­mos es­tra­te­gias e in­cor­po­ra­mos sis­te­mas de aná­li­sis es­pe­cí­fi­cos de los dis­cur­sos au­dio­vi­sua­les y con la crea­ción es­ta­re­mos fa­vo­re­cien­do en nues­tro alum­na­do el in­cor­po­rar den­tro de su ex­pe­rien­cia per­so­nal de­ter­mi­na­dos mo­dos de pro­du­cir men­sa­je­s. A par­tir de aquí, el in­di­vi­duo es­ta­rá en una si­tua­ción que le per­mi­te ubi­car a los me­dios au­dio­vi­sua­les co­mo ele­men­tos pro­pios de su cos­mo­go­nía y , de es­ta ma­ne­ra, go­zar del dis­tan­cia­mien­to ne­ce­sa­rio pa­ra con­su­mir, in­ter­pre­tar y sub­ver­tir los dis­cur­sos au­dio­vi­sua­les que le son ofre­ci­dos.

desarrollo de un programa en educación para los medios de comunicación
Len Mas­ter­man (3), pres­ti­gio­so pro­fe­sor de Me­dia Li­te­racy en la Uni­ver­si­dad de Not­hing­ham (Rei­no Uni­do), con­si­de­ra que un pro­yec­to de en­se­ñan­za de los me­dios ha de con­si­de­rar, al me­nos, las si­guien­tes ideas prin­ci­pa­les:

1. To­do lo que co­mu­ni­can los me­dios son cons­truc­cio­nes. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción no son re­pro­duc­cio­nes de la rea­li­dad ni tam­po­co el re­fle­jo o el es­pe­jo de la so­cie­dad. Por el con­tra­rio, ofre­cen cons­truc­cio­nes cui­da­do­sa­men­te rea­li­za­das que han si­do so­me­ti­das a nu­me­ro­sas prue­bas y de­ci­sio­nes. La al­fa­be­ti­za­ción au­dio­vi­sual en­se­ña a des­mon­tar, a in­ter­pre­tar esas cons­truc­cio­nes.

2. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción cons­tru­yen la rea­li­dad. Una par­te im­por­tan­te de las ob­ser­va­cio­nes y ex­pe­rien­cias en las que ba­sa­mos nues­tra re­pre­sen­ta­ción de lo que es el mun­do y co­mo fun­cio­na nos lle­ga pre­via­men­te cons­truido por los me­dios, con ac­ti­tu­des, in­ter­pre­ta­cio­nes y con­clu­sio­nes in­cor­po­ra­das. Por lo tan­to, te­ne­mos que con­si­de­rar que son los me­dios los que cons­tru­yen los co­no­ci­mien­tos que te­ne­mos no­so­tros de la rea­li­dad y nues­tros co­no­ci­mien­tos sue­len ser una re­pro­duc­ción de es­ta for­ma de re­pre­sen­ta­ción.

3. Las au­dien­cias ne­go­cian el con­te­ni­do de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Nues­tra idio­sin­cra­cia es im­por­tan­te a la ho­ra de pro­ce­sar la in­for­ma­ción. Ca­da uno de no­so­tros bus­ca o “ne­go­cia” el sig­ni­fi­ca­do de ma­ne­ra di­fe­ren­te de­pen­diendo de muy di­ver­sos fac­to­res: ne­ce­si­da­des y an­sie­da­des per­so­na­les, pla­ce­res y pro­ble­mas co­ti­dia­nos, ac­ti­tu­des ra­cia­les y se­xua­les, me­dio fa­mi­liar y cul­tu­ral.

4. Im­pli­ca­cio­nes co­mer­cia­les de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. En la al­fa­be­ti­za­ción au­dio­vi­sual se in­clu­ye la to­ma de con­cien­cia de la ba­se eco­nó­mi­ca de las pro­duc­cio­nes de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción y de qué ma­ne­ra es­to in­ter­fie­re en el con­te­ni­do, téc­ni­cas y dis­tri­bu­ción de las pro­duc­cio­nes. La en­se­ñan­za de los me­dios tra­ta tam­bién de ana­li­zar as­pec­tos ta­les co­mo quié­nes son los pro­pie­ta­rios de los me­dios, quié­nes los con­tro­lan y los efec­tos que de to­do es­to se de­ri­van. Un nú­me­ro re­la­ti­va­men­te pe­que­ño de per­so­nas con­tro­la lo que ve­mos, lee­mos y oí­mos en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.

5. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción con­tie­nen men­sa­jes ideo­ló­gi­cos. To­dos los pro­duc­tos de los me­dios son, en cier­to mo­do, pu­bli­ci­dad de sí mis­mos y tam­bién de va­lo­res o for­mas de vi­da; los gran­des me­dios de co­mu­ni­ca­ción con­tie­nen, de ma­ne­ra ex­plí­ci­ta o im­plí­ci­ta, va­lo­res ideo­ló­gi­cos. En­tre ellos po­de­mos dis­tin­guir to­dos es­tos o al­gu­nos de ellos: la na­tu­ra­le­za “del bie­nes­tar” y el papel que en esto tie­ne la opu­len­cia, la vir­tud del “con­su­mis­mo”, el pa­pel de las mu­je­res, de acep­ta­ción de la au­to­ri­dad y el pa­trio­tis­mo in­con­di­cio­nal.


6. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción tie­nen im­pli­ca­cio­nes so­cia­les y po­lí­ti­cas. Los me­dios es­tán ín­ti­ma­men­te vin­cu­la­dos al mun­do de la po­lí­ti­ca y de los cam­bios so­cia­les. La te­le­vi­sión pue­de in­fluir en la elec­ción de un di­ri­gen­te na­cio­nal ba­sán­do­se, en gran par­te, en la ima­gen, e igual­men­te pue­de in­vo­lu­crar­nos en te­mas ta­les co­mo los de­re­chos hu­ma­nos, la epi­de­mia del SI­DA, el ham­bre del Ter­cer Mun­do. Los me­dios de co­mu­ni­ca­ción nos ha­cen par­ti­ci­par de ma­ne­ra per­so­nal en pro­ble­mas na­cio­na­les o preo­cu­pa­cio­nes mun­dia­les.


7. For­ma y con­te­ni­do es­tán ín­ti­ma­men­te re­la­cio­na­dos en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Ca­da me­dio tie­ne su pro­pia gra­má­ti­ca y co­di­fi­ca la rea­li­dad de una ma­ne­ra pro­pia. Así pues, los di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción in­for­man del mis­mo acon­te­ci­mien­to pe­ro crean di­fe­ren­tes im­pre­sio­nes y men­sa­jes.


8. Ca­da me­dio tie­ne una for­ma es­té­ti­ca pro­pia. Del mis­mo mo­do que dis­fru­ta­mos de la be­lle­za de los rit­mos de al­gu­nas obras poé­ti­cas o en pro­sa, de­be­ría­mos ser ca­pa­ces de apre­ciar las for­mas y efec­tos agra­da­bles de los di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción.

metodología para un proyecto en educación multimedial
La tec­no­lo­gía mul­ti­me­dia per­mi­te ac­ce­der en for­ma in­me­dia­ta a cual­quie­ra de los me­dios que son ob­je­to de es­tu­dio y de aná­li­sis, así co­mo pro­du­cir de ma­ne­ra si­mu­la­da en di­fe­ren­tes so­por­tes. Pa­ra po­der leer y crear men­sa­jes usan­do el mul­ti­me­dia so­bre Edu­ca­ción pa­ra los Me­dios, los usua­rios ha­brán de pa­sar por tres fa­ses. La pri­me­ra, que de­no­mi­na­mos de acer­ca­mien­to o sen­si­bi­li­za­ción ha­cia el me­dio, en la que pre­ten­de­mos que nues­tros usua­rios to­men con­cien­cia de las pe­cu­lia­ri­da­des del mis­mo y pue­dan de­sem­pe­ñar­se co­mo es­pec­ta­do­res de los men­sa­jes au­dio­vi­sua­les o es­cri­to­vi­sua­les pro­du­ci­dos en él.

En es­ta fa­se los usua­rios se co­nec­ta­rán de una ma­ne­ra es­té­ti­ca dis­fru­tan­do de las imá­ge­nes y los so­ni­dos que se le ofre­cen y co­no­ce­rán al­gu­nas ca­rac­te­rís­ti­cas de los di­fe­ren­tes me­dios. Ini­ciar­lo en es­te pro­gra­ma es po­ner­lo en con­tac­to con al­go pró­xi­mo a su en­tor­no. Es im­por­tan­te que el usua­rio re­pa­re que el mun­do au­dio­vi­sual que lo ro­dea es­tá sien­do ob­je­to de es­tu­dio, es­tá sien­do ana­li­za­do co­mo un te­le­dia­rio que ana­li­za las no­ti­cias del día. En es­te pri­mer mo­men­to con­si­de­ra­mos im­por­tan­te que el usua­rio jue­gue con las imá­ge­nes, que se di­vier­ta con ellas; de­sea­mos que en es­te ac­to de ini­cia­ción re­ci­ba la in­for­ma­ción co­mo pro­vie­ne nor­mal­men­te des­de el me­dio ha­cia el su­je­to. En es­te pri­mer re­co­rri­do pue­de na­ve­gar por la in­for­ma­ción sin más pre­ten­sio­nes que las que tie­ne cuan­do mi­ra un do­cu­men­tal, una se­rie o una tan­da de anun­cios.

Una se­gun­da fa­se su­po­ne ya un cier­to co­no­ci­mien­to del me­dio au­dio­vi­sual des­de di­fe­ren­tes pun­tos de vis­ta. De­be­mos ac­ce­der al co­no­ci­mien­to y aná­li­sis de las ca­rac­te­rís­ti­cas tec­no­ló­gi­cas o lin­güís­ti­cas es­pe­cí­fi­cas de di­cho me­dio que fa­ci­li­te ejer­cer co­mo lec­to­res de los dis­cur­sos pro­du­ci­dos por los me­dios au­dio­vi­sua­les.


En es­ta fa­se el usua­rio va a na­ve­gar por la in­for­ma­ción de una ma­ne­ra re­fle­xi­va. Al mis­mo tiem­po que re­co­no­ce los pro­ce­di­mien­tos au­dio­vi­sua­les que se uti­li­zan en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, co­mien­za a ana­li­zar el pa­pel que jue­gan los di­fe­ren­tes re­cur­sos que se po­nen en jue­go. En es­te mo­men­to co­mien­za la deconstrucción de los di­fe­ren­tes có­di­gos y ele­men­tos que uti­li­zan los di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Es­te mo­men­to es si­mi­lar a un in­di­vi­duo que es­tá al­fa­be­ti­zán­do­se en la lec­toes­cri­tu­ra, des­cons­tru­ye y cons­tru­ye un men­sa­je en la to­ta­li­dad de los ele­men­tos que lo con­for­man.

Una ter­ce­ra fa­se de­be per­se­guir la uti­li­za­ción de los me­dios de tal for­ma que po­da­mos ac­tuar co­mo crea­do­res y co­mu­ni­ca­do­res.

En es­ta úl­ti­ma fa­se, el usua­rio va cons­truir sus pro­pios men­sa­jes. Va a crear su pro­pio en­tor­no mul­ti­me­dial in­cor­po­ran­do to­dos los len­gua­jes apren­di­dos en las fa­ses an­te­rio­res. Es­to sig­ni­fi­ca que va a cons­truir su pro­pia ar­qui­tec­tu­ra in­te­gra­da por imá­ge­nes en mo­vi­mien­tos, tex­tos, di­bu­jos, grá­fi­cos, fo­to­gra­fías, so­ni­dos, etc. Pa­ra lograrlo pue­de reu­ti­li­zar el ban­co de imá­ge­nes y de da­tos que tie­ne el pro­pio pro­gra­ma y, so­bre to­do, va a in­cor­po­rar sus pro­pias pro­duc­cio­nes.

Co­mo pue­de ob­ser­var­se, se tra­ta de pa­sar de un ac­to de apren­di­za­je mul­ti­me­dia a la crea­ción de pro­duc­cio­nes pro­pias. Es­to quie­re de­cir que al mis­mo tiem­po que co­no­ce y com­pren­de el me­ca­nis­mo y fun­cio­na­mien­to de di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción que le per­mi­ti­rán tras­la­dar es­ta re­fle­xión y crí­ti­ca a su en­tor­no co­ti­dia­no, el usua­rio com­ple­ta­rá su pro­ce­so de in­for­ma­ción cuan­do es­té en la si­tua­ción de un co­mu­ni­ca­dor, de un crea­dor de men­sa­jes. Tra­ta­mos de que el usua­rio no sea el re­pe­ti­dor del iti­ne­ra­rio del au­tor del pro­gra­ma, si­no que sea, al mis­mo tiem­po, un crea­dor co­mo los au­to­res de es­te pro­yec­to.

An­te es­te aba­ni­co de po­si­bi­li­da­des, pue­de es­truc­tu­rar­se el tra­ba­jo de ma­ne­ra que en un de­ter­mi­na­do ni­vel edu­ca­ti­vo pue­dan es­tu­diar­se al­ter­na­ti­va­men­te di­fe­ren­tes me­dios, y de­pen­dien­do de la edad y del gra­do de di­fi­cul­tad, po­drá ac­ce­der­se des­de la pos­tu­ra de los es­pec­ta­do­res, lec­to­res o crea­do­res con el co­mic o la fo­to­gra­fía.

Es­ta pers­pec­ti­va que ofre­ce­mos fa­vo­re­ce una si­tua­ción fle­xi­ble, di­ná­mi­ca y crea­ti­va, a la vez que per­mi­te re­sol­ver gran par­te de las di­fi­cul­ta­des con que ha­bi­tual­men­te se en­cuen­tra el pro­fe­sor que in­ten­ta tra­ba­jar con los me­dios au­dio­vi­sua­les: la pre­pa­ra­ción de ca­da uno de los me­dios que se van a uti­li­zar, os­cu­re­cer las cla­ses pa­ra las pro­yec­cio­nes de dia­po­si­ti­vas, la di­fi­cul­tad pa­ra co­no­cer el ma­ne­jo de to­dos los me­dios. La in­te­gra­ción de los di­fe­ren­tes me­dios en un so­lo so­por­te fa­ci­li­ta el ac­ce­so a la uti­li­za­ción de to­dos los me­dios y no re­quie­re de los pro­fe­so­res una for­ma­ción ma­yor, en una eta­pa ini­cial, que co­no­cer el fun­cio­na­mien­to de una com­pu­ta­do­ra. Asi­mis­mo la in­te­gra­ción mul­ti­me­dia fa­ci­li­ta na­ve­gar por la in­for­ma­ción ge­ne­ral así co­mo pro­fun­di­zar en as­pec­tos muy con­cre­tos de un de­ter­mi­na­do me­dio en fun­ción del ni­vel de los usua­rios.

¿por qué educar para los medios?
Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción com­pren­de ayu­dar a en­ten­der al­gu­nas co­di­fi­ca­cio­nes, las su­ti­le­zas de la ima­gen, de la mú­si­ca, de la ar­ti­cu­la­ción en­tre lo ver­bal, lo vi­sual, y lo es­cri­to. Así co­mo en­ten­der el di­na­mis­mo de la tec­no­lo­gía, de las ca­de­nas em­pre­sa­ria­les que es­tán por de­trás tan­to a ni­vel de hard­wa­re co­mo de soft­wa­re, las ar­ti­cu­la­cio­nes co­mer­cia­les, em­pre­sa­ria­les, fi­nan­cie­ras y po­lí­ti­cas del com­ple­jo de la co­mu­ni­ca­ción.


Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción es orien­tar pa­ra rea­li­zar aná­li­sis más com­ple­jos, com­ple­tos y, al mis­mo tiem­po, pa­ra ayu­dar a ex­pre­sar re­la­cio­nes más ri­cas de sen­ti­do en­tre las per­so­nas. Es una edu­ca­ción que ge­ne­ra nue­vas re­la­cio­nes sim­bó­li­cas y nue­vas ex­pre­sio­nes del ser so­cial. Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción no es só­lo rea­li­zar aná­li­sis teó­ri­cos. Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción es un pro­ce­so que ne­ce­si­ta ser adap­ta­do a cada una de las eta­pas del cre­ci­mien­to fi­sio­ló­gi­co y cul­tu­ral de ca­da gru­po so­cial. Es un pro­yec­to que im­pli­ca a la es­cue­la y a to­das las ins­tan­cias so­cia­les que se preo­cu­pan por una so­cie­dad más jus­ta y más hu­ma­na.

Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción es una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de un pro­ce­so edu­ca­ti­vo más com­ple­jo: el de for­mar ciu­da­da­nos es­cla­re­ci­dos que bus­can re­la­cio­nar­se e in­te­rac­tuar de for­ma más cons­cien­te con ex­pre­sio­nes co­par­ti­ci­pa­das. Edu­car pa­ra la co­mu­ni­ca­ción de­be en­ten­der­se co­mo un pro­ce­so de for­ma­ción pa­ra vi­vir y de­fen­der la vi­da de­mo­cráti­ca de la co­mu­ni­dad.

marco teórico para la enseñanza de la alfabetización audiovisual
A los cua­tro años po­de­mos ini­ciar a los ni­ños en el es­tu­dio de la ima­gen gra­duan­do las ac­ti­vi­da­des de acuer­do con su de­sa­rro­llo evo­lu­ti­vo. A par­tir de es­te prin­ci­pio nos cen­tra­mos en tres es­ta­dios si­guien­do los prin­ci­pios de Pia­get:



  • El preo­pe­ra­to­rio, que va de los cua­tro a los sie­te años, apro­xi­ma­da­men­te.


  • El de las ope­ra­cio­nes con­cre­tas, de sie­te a on­ce o do­ce años, apro­xi­ma­da­men­te.


  • El de las ope­ra­cio­nes for­ma­les a par­tir de los do­ce años.

Es­tos tres es­ta­dios evo­lu­ti­vos con­di­cio­nan el de­sa­rro­llo de prác­ti­cas de aná­li­sis y pro­duc­ción de los más jó­ve­nes usua­rios de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.


En el es­ta­dio preo­pe­ra­to­rio los ni­ños apren­den a tra­vés de la ima­gen a nom­brar ob­je­tos, a di­fe­ren­ciar con­cep­tos sen­ci­llos, co­mo cer­ca, le­jos, al­to o ba­jo. Su gran ca­pa­ci­dad de fan­ta­sía les va a per­mi­tir ima­gi­nar his­to­rias rea­li­za­das a par­tir de for­mas abs­trac­tas, pun­tos, lí­neas o co­lo­res.


El mul­ti­me­dia po­drá plan­tear­les es­tí­mu­los a par­tir de imá­ge­nes y so­ni­dos. Po­drán rea­li­zar al­gu­nos ejer­ci­cios sen­ci­llos de crea­ción de imá­ge­nes y po­drán re­co­no­cer for­mas, lí­neas y co­lo­res. Uti­li­zan­do es­tos ele­men­tos po­drán crear per­so­na­jes e his­to­rias.


En el es­ta­dio de las ope­ra­cio­nes con­cre­tas, el ni­ño es­tá en con­di­cio­nes de apren­der a se­pa­rar los con­cep­tos de ima­gen y rea­li­dad, ya que ha pa­sa­do de una con­cep­ción fan­tás­ti­ca de las co­sas a una idea más real del mun­do que lo ro­dea.


Es pre­ci­so que el ni­ño que se ha­lla en es­te pe­río­do del de­sa­rro­llo evo­lu­ti­vo ten­ga con­tac­to, a tra­vés de imá­ge­nes y so­ni­dos, con for­mas es­té­ti­cas y cul­tu­ra­les va­ria­das; pe­lí­cu­las de rit­mo más pau­sa­do, vi­deos de rit­mo tre­pi­dan­te, pro­gra­mas de te­le­vi­sión que rom­pan con los es­te­reo­ti­pos do­mi­nan­tes y que pre­sen­ten fi­gu­ras di­ver­gen­tes: hé­roe, an­ti­hé­roe, et­nias o gru­pos so­cia­les di­ver­sos o há­bi­tats va­ria­dos –cam­po­/ciu­dad–, etc. De lo con­tra­rio, en es­te es­ta­dio evo­lu­ti­vo el ni­ño ten­de­rá al pre­jui­cio que pro­pi­cia el es­te­reo­ti­po te­le­vi­si­vo y el de los de­más me­dios de co­mu­ni­ca­ción y co­rre­rá el ries­go de su­frir un em­po­bre­ci­mien­to de su ca­pa­ci­dad per­cep­ti­va si no se le pre­sen­tan pro­pues­tas di­fe­ren­tes.


El mul­ti­me­dia pue­de ayu­dar a los maes­tros a de­cons­truir mu­chos de los ele­men­tos que uti­li­zan to­dos los me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Pue­de ar­mar una his­to­ria a par­tir de una se­rie de per­so­na­jes que se le pro­po­nen en el pro­gra­ma, pue­de ofre­cer di­fe­ren­tes fi­na­les a las his­to­rias y pue­de in­ves­ti­gar cómo se or­ga­ni­zan y di­se­ñan di­fe­ren­tes men­sa­jes. Al mis­mo tiem­po pue­de com­pa­rar có­mo se ha­ce un pro­gra­ma de te­le­vi­sión, un co­mic o la pá­gi­na de un pe­rió­di­co.


El ni­ño del es­ta­dio de las ope­ra­cio­nes con­cre­tas pue­de enu­me­rar al­gu­nas ca­rac­terís­ti­cas de la ima­gen: mo­no­se­mia­/po­li­se­mia, ico­ni­ci­da­d/abs­trac­ción, sim­pli­ci­dad­/com­ple­ji­dad. Asi­mis­mo pue­de agru­par re­per­to­rios de imá­ge­nes bri­llan­tes, co­lo­ris­tas, frías, cá­li­das, etc. Es­tí­mu­los más va­ria­dos de los que re­ci­be nor­mal­men­te a tra­vés de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción con­ven­cio­na­les.


Es­te es un buen mo­men­to de crea­ción de pe­lí­cu­las o vi­deos con la ayu­da del mul­ti­me­dia. Los alum­nos se plan­tea­rán una idea, ha­rán un tra­ba­jo de do­cu­men­ta­ción, re­par­ti­rán las fun­cio­nes pro­fe­sio­na­les que exis­ten en la rea­li­za­ción de una pe­lí­cu­la o vi­deo –di­rec­tor, cá­ma­ra, ac­to­res, etc.–, di­bu­ja­rán los pla­nos de sus pe­lí­cu­las, es­cri­bi­rán los diá­lo­gos, des­cri­bi­rán los efec­tos so­no­ros e in­ten­ta­rán in­cor­po­rar­los al pro­gra­ma.


En el ter­cer es­ta­dio, el de las ope­ra­cio­nes for­ma­les, los jó­ve­nes pue­den ya ana­li­zar ob­je­ti­va y sub­je­ti­va­men­te la ima­gen y son ca­pa­ces de aten­der a las con­no­ta­cio­nes que les su­gie­ra és­ta.


Pue­de ser con­ve­nien­te que los maes­tros su­gie­ran a los jó­ve­nes que cuen­ten una his­to­ria a par­tir de tres do­cu­men­ta­les con el fin de que las or­ga­ni­cen aten­dien­do a cri­te­rios es­té­ti­cos, in­for­ma­ti­vos o pu­bli­ci­ta­rios y lue­go pue­de pro­po­ner­se que le pon­gan un pie de fo­to a al­gu­na de ellas.


Es­te es­ta­dio de mul­ti­me­dia es apro­pia­do pa­ra que com­pren­dan los con­cep­tos de es­pa­cio y tiem­po y pue­dan rea­li­zar una se­rie de imá­ge­nes que se les pro­po­nen y, si cuen­tan con cá­ma­ra de vi­deo, in­cor­po­ren sus pro­pias imá­ge­nes al mul­ti­me­dia y las or­ga­ni­cen aten­dien­do a di­fe­ren­tes cri­te­rios de mon­ta­je.


Se­rá con­ve­nien­te tam­bién in­ci­tar­les a la ela­bo­ra­ción de na­rra­cio­nes grá­fi­cas que se ale­jen del rea­lis­mo. Esto pue­de fa­ci­li­tar­les el tra­ba­jo pa­ra la crea­ción au­dio­vi­sual, has­ta tal pun­to que to­dos sus es­fuer­zos es­tán con­cen­tra­dos en lo que quie­ren de­cir, en lu­gar de cen­trar las ener­gías en el pro­ce­so ma­nual que re­que­ri­rán los me­dios en sus for­ma pri­mi­ti­va.


Una de las gran­des fun­cio­nes que pue­de dar el mul­ti­me­dia a los maes­tros y a los alum­nos es ofre­cer­les la pers­pec­ti­va de glo­ba­li­dad. El mul­ti­me­dia les ofre­ce la po­si­bi­li­dad de en­ten­der el fe­nó­me­no de la co­mu­ni­ca­ción co­mo un to­do y na­ve­gar por la in­for­ma­ción, de tal mo­do que pue­da co­no­cer, ana­li­zar y cri­ti­car có­mo se cons­tru­ye un mis­mo men­sa­je en di­fe­ren­tes me­dios de co­mu­ni­ca­ción. Y, por su­pues­to, de una pers­pec­ti­va cons­truc­ti­vis­ta, el usua­rio ten­drá la po­si­bi­li­dad de pro­du­cir y cear su me­dio de co­mu­ni­ca­ción ideal.


Al mar­gen del aná­li­sis des­mi­ti­fi­ca­dor de las imá­ge­nes ha­bi­tua­les que ro­dean al jo­ven, es con­ve­nien­te in­vi­tar­le a sa­ti­ri­zar y “ma­ni­pu­lar” la rea­li­dad que ofre­cen los me­dios de co­mu­ni­ca­ción: la crea­ción de fo­to­no­ve­las, el cam­bio de la ban­da so­no­ra (diá­lo­gos, efec­tos y mú­si­cas) de al­gu­nos de los frag­men­tos de pe­lí­cu­las o pro­gra­mas de te­le­vi­sión que ofre­ce el mul­ti­me­dia pue­de ser un ejer­ci­cio gra­ti­fi­can­te, crí­ti­co y es­ti­mu­la­dor.

la formación de profesores
Pa­ra aque­llos alum­nos in­te­re­sa­dos en eje­ci­tar­se en la lec­tu­ra, el aná­li­sis crí­ti­co y la pro­duc­ción de me­dios au­dio­vi­sua­les en un en­tor­no mul­ti­me­dia se ha­ce ne­ce­sa­rio se­guir un pro­ce­so si­mi­lar al pro­pues­to pa­ra los más jó­ve­nes. La lec­tu­ra, el aná­li­sis y la crí­ti­ca a los me­dios tie­nen que ir acom­pa­ña­dos de la pro­duc­ción o cons­truc­ción de men­sa­jes que uti­li­cen di­fe­ren­tes len­gua­jes.
Mu­chos pro­fe­so­res de­nun­cian que, a la ho­ra de pro­du­cir sus pro­pias imá­ge­nes, ni­ños y adul­tos tien­den a adop­tar una ac­ti­tud mi­mé­ti­ca de re­pro­duc­ción de los mo­de­los pre­sen­ta­dos por los me­dios de co­mu­ni­ca­ción.



La pro­duc­ción de ma­te­rial mul­ti­me­dia pue­de ser­vir pre­ci­sa­men­te pa­ra con­se­guir una des­mi­ti­fi­ca­ción de esos me­dios. Tan­to los ni­ños co­mo los adul­tos se ven ini­cial­men­te des­lum­bra­dos por la tec­no­lo­gía de los me­dios. Ade­más de los ejer­ci­cios de lec­tu­ra crí­ti­ca de la ima­gen es im­pres­cin­di­ble des­mi­ti­fi­car los me­dios pro­ce­dien­do a su uso y ma­ne­jo.

multimedia en la enseñanza
La uti­li­za­ción del mul­ti­me­dia en la es­cue­la im­pli­ca re­fle­xio­nar so­bre el pro­ce­so de en­se­ñan­za/apren­di­za­je. De al­gu­na ma­ne­ra, tie­ne que ser­vir pa­ra cues­tio­nar la me­to­do­lo­gía de tra­ba­jo de­sa­rro­lla­da has­ta ese mo­men­to. Los me­dios es­tán muy pre­sen­tes en la vi­da de los jó­ve­nes has­ta tal pun­to que es­te sec­tor de la po­bla­ción tie­ne una cul­tu­ra au­dio­vi­sual pro­pia que es ne­ce­sa­rio te­ner en cuen­ta a la ho­ra de plan­tear­se qué ha­cer en el au­la.



Al­gu­nos edu­ca­do­res pue­den su­po­ner, por ejem­plo, que con só­lo po­ner los mul­ti­me­dia en un de­ter­mi­na­do mo­men­to del apren­di­za­je se re­suel­ve el pro­ce­so de en­se­ñan­za. El mul­ti­me­dia por sí mis­mo no ge­ne­ra na­da, pue­de pro­vo­car desde cier­to in­te­rés por la no­ve­dad que aún sig­ni­fi­ca pa­ra al­gu­nos has­ta un pro­fun­do abu­rri­mien­to.


El mul­ti­me­dia no de­be em­plear­se co­mo re­cur­so pa­ra re­for­zar la hip­no­sis que ge­ne­ra, co­mo por ejem­plo, la te­le­vi­sión, si­no pa­ra es­ta­ble­cer un con­tac­to más di­rec­to con la rea­li­dad más in­me­dia­ta de los alum­nos y, al mis­mo tiem­po, pa­ra de­sa­rro­llar es­ti­los con­truc­ti­vis­tas de apren­di­za­je­ me­dian­te la crea­ción de imá­ge­nes, so­ni­dos, grá­fi­cos y tex­tos pro­pios, ex­pre­sán­do­se con to­dos ellos y na­ve­gan­do por to­da la in­for­ma­ción que ca­da uno pue­da in­ves­ti­gar y ge­ne­rar.


El me­ro he­cho de usar una nue­va tec­no­lo­gía co­mo mul­ti­me­dia no im­pli­ca un pro­ce­so de in­no­va­ción si pre­via­men­te no se ha re­fle­xio­na­do so­bre los di­fe­ren­tes len­gua­jes de los me­dios y so­bre cuál es el ob­je­to de la in­no­va­ción que se pre­ten­de.


El uso de los mul­ti­me­dia en el pro­ce­so de en­se­ñan­za/apren­di­za­je de­be en­ten­der­se co­mo una ex­pe­rien­cia pla­ni­fi­ca­da y con­ti­nua­da a lo lar­go de to­do el cur­so es­co­lar. Así co­mo de ma­ne­ra co­ti­dia­na se tie­nen ex­pe­rien­cias mul­ti­me­dia­les, las que se rea­li­cen en el mar­co es­co­lar de­ben te­ner esa mis­ma na­tu­ra­le­za (4).


Des­de una pers­pec­ti­va tra­di­cio­nal, los ma­te­ria­les au­dio­vi­sua­les han si­do in­cor­po­ra­dos a la es­cue­la de for­ma es­po­rá­di­ca. Por lo ge­ne­ral han re­sul­ta­do aña­di­dos y no in­te­gra­dos en el pro­ce­so edu­ca­ti­vo.


Des­de una pers­pec­ti­va re­no­va­da, los me­dios au­dio­vi­sua­les se con­si­de­ran co­mo ca­ta­li­za­do­res de ex­pe­rien­cias, co­mo di­na­mi­za­do­res de la co­mu­ni­ca­ción o co­mo ob­je­to de es­tu­dio en sí mis­mos pa­ra ana­li­zar la pro­pia rea­li­dad. En es­te ca­so, los au­dio­vi­sua­les in­ci­den en la es­truc­tu­ra de pla­nes y pro­gra­mas, y ayu­dan a re­vi­sar el pro­ce­so en­se­ñan­za/a­pren­di­za­je.


La uti­li­za­ción de los mul­ti­me­dia des­de una pers­pec­ti­va par­ti­ci­pa­ti­va im­pli­ca a pro­fe­so­res y alum­nos en un pro­yec­to co­mún. Ser crea­do­res y cons­truc­to­res de su pro­pio co­no­ci­mien­to.


Una pro­pues­ta mul­ti­me­dia de ca­rác­ter par­ti­ci­pa­ti­vo pre­ten­de que los usua­rios ten­gan ac­ce­so al len­gua­je de los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, que pue­dan na­ve­gar por los có­di­gos es­pe­cí­fi­cos de la fo­to­gra­fía, el ci­ne, el co­mic, la pren­sa, la te­le­vi­sión, la ra­dio, con el fin de que ten­gan la idea de la to­ta­li­dad de los me­dios au­dio­vi­sua­les y que, al mis­mo tiem­po, pue­dan in­da­gar, re­fle­xio­nar y cri­ti­car un de­ter­mi­na­do me­dio en es­pe­cial así co­mo po­der in­cor­po­rar sus pro­pios men­sa­jes a ca­da uno de ellos co­mo al con­jun­to del pro­gra­ma, con el fin de que los usua­rios se con­vier­tan en coau­to­res (cons­truc­to­res) del pro­gra­ma.

lunes, marzo 05, 2007

¿Educación en, para, con o a través de los medios?


Existe una gran discusión teórico en el ámbito de la reflexión sobre Media Literacy: debemos llamerle ¿Educación "en", "con",, "a través" o para los medios? A mi juicio esta distinción gramatica no es menor. Implica una reflexión seria sobre los medios y los fines que perseguimos en la investigación.

Por un lado, apuntar hacia la educación "para" los medios nos lleva al tema del empoderamiento; del dotar al usarios final de las herramientas necesarias para que tome el control de los medios y transforme por su cuenta los contenidos que ahí se vierten. Ahora bien, una licenciatura en comunicación, ¿no acaso, en lo que prepara es para un uso adecuado de los medios? Esto implica una experiencia más de tipo activa: desarrollo de programas, búsqueda de innovación, modos de control medial y formas inteligentes de producir contenidos.

Inclinarnos hacia la línea de la Educación "en" los medios; implica Educar en el uso; es decir cómo se inscriben los medios en la vida cotidiana y cómo estos dotan de sentido la realidad de muchas personas. Educar en los medios es analizar los modos de producción para entender cómo se producen los contenidos y cómo mitigar o contrarrestar su efecto. La educación "en" los medios me invita a pensar en el desarrollo de receptores críticos, consumidores responsables, analistas de los mensajes y decodificadores inteligentes.

Por otro lado tenemos el tema del Educar "a través" de los medios. Esto es una línea más de orden pedagógico o el cumplimiento de la función didáctica de la comunicación. Producción de documentales, usar los medios en la currícula escolar para explicar biología, ciencias o matemática.

¿Pero qué hay del Edutainment? Esta línea de investigación lo que hace es buscar que los contenidos del mundo del entretenimiento "dejen" algo a los espectadores o que los mensajes educativos sean tan entretenidos como para captar la atención del espectador. Pero, ¿qué buscan? ¿Desarrollar acaso nuevas competencias, habilidades, virtudes o valores? El receptor aquí, ¿qué papel desempeña?: ¿uno activo o pasivo?

Educar con los medios, es más una forma de asumir corresponsabilidades o ¿realmente una forma paralela y alternativa de desescolarizar la educación? Aquí hablamos más de la participación de otros actores involucrados en la producción medial (padres de familia, organizaciones civiles del Tercer sector, instituciones religiosas) que de receptores.

Les dejo estas primeras reflexiones para invitarlos a que juntos podamos encontrar todas las aristas posibles al tema de la Alfabetización medial e hipermedial. Espero sus mensajes y observaciones. Saludos colegas.

Jorge Hidalgo

El Podcast como sintaxis sonora de la Era de la Participación

Les comparto un artículo descargable en formato PDF, que fue presentado en el XVIII ENCUENTRO NACIONAL AMIC 2006; si desean descargarlo lo puedan hacer dando un click aquí http://www.amicmexico.org/docs/ponencias_xviii_encuentro/nuevas_tecnologias_y_si/podcasting_era_participaci_n.pdf

El pasado 28 de junio de 2005 Apple presentó al mundo lo que podría ser el futuro de la radio. En la ciudad de Cupertino, California, se anunció el servicio de Podcasting Mainstream, una aplicación que permite a los usuarios suscribirse y escuchar Podcasts directamente en el software iTunes 4.9. El Podcast en palabras del propio Steve Jobs,”es la nueva generación de la radio, y los usuarios pueden ahora suscribirse a más de 3,000 Podcast gratuitos y disponer de cada episodio automáticamente descargado vía Internet en su computadora y en su iPod” (Martínez y Ruiz, 2005). Apple está ofreciendo con este dispositivo la posibilidad de que los usuarios localicen fácilmente las estaciones de radio perfectamente ubicadas en un directorio digital, suscribirse a sus servicios, organizarlos dependiendo de su interés o fecha de emisión, escucharlo en su computadora o descargarlo en su computadora. Cada episodio, puede ir acompañado de imágenes a color, datos como el nombre del cantante, discografía y año de grabación, así como de enlace directo a la página web que le diseñó Mac en su tienda virtual para promoción y venta del disco. Empresas de medios como ESPN, KCRW de Los Ángeles, Catholic.net, Disney, ABC News y Newsweek se encuentran sindicando contenidos a Mac y compitiendo, de manera increíble, con usuarios independientes y desconocidos que están ofertando sus producciones en el mismo servicio de iTunes.
El 30 de junio de 2005, a dos días del lanzamiento de la versión 4.9 de iTunes, Apple registró la suscripción de más de un millón de servicios de Podcast. Esta competencia, es un fenómeno singular que pone de manifiesto que los usuarios de las nuevas tecnologías de información no sólo buscan ser el oído detrás del dispositivo sino también la voz que maquila ideas para otros. Las tecnologías análogas crearon una generación infantil de lectores y escuchas que fueron educados para recibir; las tecnologías 2 interactivas y digitales nos presentan un auditorio de jóvenes que tienen la necesidad de ser escuchados y leídos porque han sido alfabetizados inconscientemente para dar.

Presentación: Inmersión educativa

Description
Ponencia presentada por Jorge A. Hidalgo Toledo en el Primer Encuentro Docente en Comunicación, CONEICC. Ofrece un modelo de integración ... less multivía para la actividad docente.

Del Edu-entretenimiento al Etho-entretenimiento: una apuesta por el entretenimiento axiológico


Ponencia realizada por la Dra. María Antonieta Rebeil Corrella, el Mtro. Jorge Alberto Hidalgo Toledo y el Mtro. Cándido Pérez Hernández que apuesta por la búsqueda de un modelo comunicativo que forme integralmente a la persona.


Hoy más que nunca se hace presente y necesaria una revisión de la obra del célebre Max Weber y su Teoría de la clase ociosa y ello, dado que en el mundo del tiempo libre y la administración del ocio, todo gira alrededor de un solo concepto: entretenimiento.

Hasta hace unos años, se hablaba del papel que jugaban los medios de comunicación llenando los espacios de divertimento y relajación de las personas. Hoy se sabe que en el ámbito económico, uno de los sectores de mayor crecimiento y con mejor perspectiva para los futuros 20 años, será el ligado con las industrias del entretenimiento.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de este sector?
Nos referimos a un sector dividido en 20 macrosegmentos que tan sólo en 2004 facturó $1.3 trillones de dólares y se espera que para el 2009, alcance la extraordinaria cifra de $1.8 trillones, presentando un incremento promedio anual de 7.3%. Dicha industria, tan sólo en América Latina se espera que facture $47 billones de dólares para 2009, con una tasa anual de crecimiento de 8.2%, siendo la segunda región más importante en desarrollo después de Asia/Pacífico (Winkler, 2006).

Los segmentos que hoy día se contemplan como industrias del entretenimiento de modo directo son:
1) Industria cinematográfica; 2) Televisión abierta y por cable; 3) Distribución de producciones televisivas: cable, satélite y microondas; 3) Industria discográfica; 4) Radio; 5) Publicidad por Internet y servicios de conexión; 6) Videojuegos; 7) Información corporativa; 8) Edición de revistas; 9) Edición de periódicos; 10) Edición de libros; 11) Parques temáticos y parques de diversiones; 12) Casinos; 13) Industria deportiva; 14) Publicidad exterior; 15) Teatro; 16) Moda; 17) Arte y Cultura; 18) Mercadotecnia y comercialización de productos; 19) Marcas, contratos y derechos de autor; y, finalmente,20) Comunicación móvil.


Los factores que han favorecido el incremento de la industria del entretenimiento son:


+ Un entorno económico favorable para la inversión en medios y entretenimiento.
+ Aumento de los ingresos derivados de la banda ancha como:
+ Videojuegos por Internet y para dispositivos portátiles
+ Servicios de pago para alquilar películas por Internet
+ Distribución de música digital por medios legales
+ Descargas de música a teléfonos celulares
+ Video bajo demanda
+ Radio satelital
+ Libros electrónicos
+ Maduración y popularización de los servicios de Internet, televisión de paga y comercio de DVD’s.

Ante dicho crecimiento vale la pena cuestionar las responsabilidades antropológicas, morales y sociales que derivarán de la inmersión de la cultura en las profundidades del mundo del entretenimiento. A manera de solución a los múltiples cuestionamientos, cientos de investigadores de las ciencias sociales han propuesto alternativas, cada vez más creativas para que estas industrias asuman con gran apego a la ética las consecuencias de esta tendencia expansionista de la industria del entretenimiento. Una de las tantas propuestas que han surgido es el Edu-entretenimiento.

Dicha propuesta pretende integrar las fórmulas del entretenimiento para sentar nuevas bases en los procesos de formación y la transmisión de conocimiento.

Edu-entretenimiento

El Edu-entretenimiento como tal, surgió como una alternativa al interior de los medios masivos y desde las aulas, para hacer un frente al carácter educativo no formal de los medios masivos que estaban llenando los espacios de esparcimiento, socialización y cognición de las audiencias.

Pese a las bondades que presenta esta posición crítica, todavía prevalece como un tema de controversia pues entre la comunidad de educadores se debate el cómo y en qué medida las audiencias de los medios son influenciadas por lo que ven, sobretodo, al determinar cómo estas estrategias pueden ser o no educativas.

Por esta condición un poco ambigua, se sugieren tres aproximaciones para el concepto del Edu-entretenimiento

• Por un lado, la del educador; donde el Edu-entretenimiento pasa a ser un conjunto de herramientas pedagógicas vistas, regularmente, como material complementario del aprendizaje tales como videojuegos y software interactivos.

• La del comunicólogo; que ve en el Edu-entretenimiento una forma de de producción que permite enfatizar la responsabilidad social de los medios y ofrecer nuevas perspectivas al cumplimiento de su función educativa y formativa sin descartar la redituable vinculación con el entretenimiento.

• La del psicólogo; que encuentra en el Edu-entretenimiento una ventana más de socialización del individuo con los medios, su medio ambiente y el conocimiento.


De manera amplia podemos de decir que el Edu-entretenimiento es una forma de entretenimiento diseñado para educar y divertir como proceso conjunto y no separado. Según los investigadores Arvind Singhal y Everett M. Rogers (1999), el Edu-entretenimiento intenta elaborar y llevar un espectáculo a través de lecciones a audiencias, tanto receptivas como interactuantes, de forma tal que se logre un programa de instrucción o entrenamiento que potencie y desarrolle las habilidades mentales, morales, psicológicas y de comportamiento.

En nuestros días, el concepto de Edu-entretenimiento se debate aún en sus fundamentos teóricos pero en la práctica es un campo de crecimiento constante; sobretodo, cuando se habla de desarrolladores de productos de entretenimiento educativo; mismos que han rebasado en algunos aspectos a los medios masivos y se han posicionado con mayor fuerza en productos que responden a necesidades sectorizadas y particulares con audiencias segmentadas.

Uno de los propósitos del Edu-entretenimiento, quizá el más importante, es el de contribuir directamente en el cambio social (Singhal y Rogers, 1999), definido como el proceso por el cual una alteración ocurre en la estructura y acción de un sistema social.

Este cambio puede ocurrir a un nivel individual, de comunidad o de algún otro sistema. Por lo tanto, el Edu-entretenimiento pretende influir en las expectativas, actitudes, y comportamientos deseados en las audiencias. Asimismo, puede anticipar los efectos provocados en individuos miembros de tal audiencia y generar las condiciones de cambio necesarias y, sobretodo, positivas al accionar social.


En cuanto al concepto de valor del Edu-entretenimiento se puede observar con claridad en la siguiente figura:

Valor social del Edu-entretenimiento SHAPE * MERGEFORMAT

El Edu-entretenimiento ha encontrado suficiente valor en el público joven y preponderantemente en los niños pues ven en él un elemento de vínculo con hábitos de lectura, investigación o indagación y, en general, una nueva posibilidad para conocer o reconocer el mundo. Como comenta el académico e investigador, Carlos Gómez Palacio y Campos en su texto Comunicación y Educación en la Era digital (1998), el Edu-entretenimiento ofrece un magnífico potencial, en tanto que los niños (usuarios) participan activamente en una especie de diálogo con el medio, el cual consigue captar mucho mejor su atención.

Por todo lo anterior, podríamos concluir que la evolución constante del Edu-entretenimiento responde a:

• Una constante búsqueda por nuevas formas de educar no sólo desde la Pedagogía sino desde otras ciencias tales como la Comunicación y la Psicología;

• La ausencia de esquemas que hagan patente la responsabilidad social de los medios masivos de comunicación, en especial la televisión;

• El creciente reconocimiento de esquemas mediáticos que potencien por un lado las expresiones de cultura popular y por otro los cambios socialmente positivos.

• La constante pretensión por institucionalizar el campo (Edu-entretenimiento) y fortalecerlo teóricamente (Skelie, 2003).

• Una mayor demanda, para la industria del entretenimiento, de productos educativos.

Es necesario no únicamente hacer evidente que el Edu-entretenimiento es una estrategia educativa viable sino en constante construcción tanto por el lado de los contenidos como por la imprescindible participación de las audiencias en tales construcciones; esto se acrecienta por el grado de interactividad medio-receptor y la influencia que tiene este último en el resultado final.

En últimas fechas, ante la incursión de las nuevas tecnologías de información a las industrias del entretenimiento, el concepto de Edu-entretenimiento también supone la síntesis entre educación, entretenimiento e interactividad. Por ello también se le ha dado por llamar eduversión, diverucación, edutenimiento y divernética.

Al interior de los medios, como en las aulas físicas y virtuales, se han incorporado productos mediáticos que buscan hacer del aprendizaje una experiencia dinámica y entretenida permitiendo con ello un aprendizaje más efectivo. La exposición tradicional a los medios se vuelve con el Edu-entretenimiento en una experiencia derivada del componente emocional.

El Ethoentretenimiento
Sin lugar a dudas, las contribuciones derivadas del enfoque del Edu-entretenimiento son muchas: aumento de la motivación, vinculación con el juego para producir un alto grado de efectividad, uso de lenguajes múltiples para estimular la atención y el conocimiento, intractividad, despertar el deseo de descubrimiento, posibilidad para experimentar situaciones concretas en ambientes simulados, involucrar al usuario y participación.

Desgraciadamente no se ha podido generar un sistema en el que entretenimiento y educación se encuentren balanceados; aún pesa más el entretenimiento, dado que es desde esta industria donde se acuña el término. De ahí nuestra propuesta, trabajar en la construcción de una fórmula que integre la formación ética con el entretenimiento. Es decir, productos educomunicativos que formen axiológica e integralmente a las personas estimulando de modo multivía y multimediáticamente su voluntad, su libertad y su inteligencia.

Cada vez se vuelve una condición fundamental el llenar de sentido los tiempos de ocio y esparcimiento. El mundo del entretenimiento no puede ser ajeno a la producción de contenidos que permitan el crecimiento y el desarrollo personal con miras a la construcción de una vida más feliz y productiva.

El mundo del entretenimiento debe estar al servicio de la dignidad humana y permitirle así, a cada hombre, descubrir su propia grandeza para con ello, ayudarle a vivir bien y actuar como personas en comunidad (Baran e Hidalgo, 2005).

El Ethoentretenimiento debe hacer consciente a cada hombre de su dignidad; le debe permitir comprender los pensamientos y sentimientos de los demás; debe servir para cultivar un sentido de responsabilidad mostrando a cada persona a crecer en la libertad personal, respetando la de los demás y tendiendo puentes de diálogo entre todos los hombres y culturas.

Pese a lo que podría creerse, el Ethoentretenimiento no está peleado con las fórmulas de integración publicitarias que estimulan el progreso económico, el empleo y la prosperidad.

No obstante, es importante que a través de su integración promueva mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes, desarrolle otros nuevos y fomente la competencia responsable que permita a las audiencias y usuarios de la comunicación optar por opciones de modo informado.

Estéticamente los contenidos del Ethoentretenimiento deben promover el desarrollo humano respetuoso del conocimiento, la sabiduría y la belleza, impulsando las formas plásticas sanas y útiles que reúnan a las familias y a las personas a resolver problemas diarios y elevar sublimemente su espíritu.

En su forma debe estimular y celebrar las tradiciones, preservando y enriqueciendo el patrimonio cultural.

La apuesta por el Ethoentretenimiento es una apuesta por una educomunicación que proporcione aliento, inspiración y esperanza a cada persona, haciéndolo ver como un ser trascendente y pleno de sentido.

Es importante no perder de vista, que incluso en el mundo del entretenimiento, la persona y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de todos los vehículos de comunicación. El entretenimiento no puede dejar de ser una oportunidad para crecer y florecer en el ámbito físico, intelectual, afectivo, moral y espiritual.

Un entretenimiento que se ocupe no sólo por educar sino por formar integral y virtuosamente a cada persona y ciudadano es el que debe gobernar al interior de una industria que mucho tiene que ofrecer a la vida social, económica y cultural de las naciones.

La verdadera responsabilidad social de los comunicadores no se atiende en los modos de producción, emisión o recepción. No es suficiente con emitir campañas sociales o a sumirse como empresas socialmente responsables. La dimensión ética de la comunicación nos vuelve corresponsables de toda necesidad y grupo humano.

Hoy más que nunca debemos de abrirnos a la búsqueda de fórmulas que de modo integral presenten actitudes, situaciones y realidades que nos hagan sensibles a la dignidad humana.

El Ethoentretenimiento es una apuesta por la inteligencia, la caridad social y la formación de la conciencia, el buen gusto y el juicio moral verdadero.

Formar ética y críticamente es una responsabilidad que los comunicadores no pueden pasar por alto y mucho menos ahora que la industria del entretenimiento parece ser nuestra única vía de medicación de la realidad.

Referencias
Baran, S. & Hidalgo, J. (2005) Comunicación masiva en Hispanoamérica: Cultura y literatura mediática. México: McGrawHill
Cooper-Chen, A. (2005). Global Entertainment Media: Content, audiences, issues. EUA: Lawrence Erlbaum Associates, Publishers
Gómez, C. (1998) Comunicación y Educación en la Era digital. México: Diana
LaPlante, A. & Seidner, R., (1999). Playing for Profit: How digital entertainment is making big business out of child’s play. EUA: John Wiley Sons, Inc
Singhal, A. & Rogers E.M. (1999) Entertainment-Education. A Communication Strategy for Social Change. New York: Lawrence Eribaum
Skelie, S. S. (2003) Learning Through Entertainment. Oslo: University of Oslo
Tufte, T. (2001) Entertainment – Education and Paticipation. Syney: IAMCR
Vinet, M., (2005). Entertainment industry. EUA: Wadem Publishing
Vogel, H., (2004). Entertainment industry economics: A guide for financial analysis. EUA: Cambridge University Press
Winkler, P. (2005). Global Entertainment and Media Outlook: 2005-2009. Global Overview. New York: PriceWaterHouseCoopers LLP.
Winter, R., (2002). Still bored in a culture of entertainment: Rediscovering passion & Wonder. EUA: InterVarsity Pres

domingo, marzo 04, 2007

Nuestra apuesta se centra en la educación medial e hipermedial que permite:




Profundizar en la acción educativa en la familia, la escuela y la sociedad:
Instruir y guiar a niños y jóvenes.
Formar juicio crítico en receptores
Establecer un diálogo comprometido con los dueños de los medios y los anunciantes
Fomentar un espíritu creativo que promueva la vida como una experiencia significante
Impulsar el sentimiento artístico y la conciencia de la propia responsabilidad

Dominar las técnicas de difusión que impulsen una educación en medios e hipermedios
Promover contenidos que construyan una sana convivencia
Plantear una comunicación humanizada, axiológica que dignifique los espacios
Insistir en la coparticipación activa de todos los sectores sociales involucrados para dignificar la condición mediática
Desarrollar prácticas multialfabetizadoras

La Educacion medial e hipermedial


Forma:

Conocimiento
Habilidades
Interpretar
Valorar
Capacidad crítica
Capacidad creativa
Comprensión
Participación

A partir del estudio de las idea, imágenes y creencias que permiten los estudios económicos, sociales y culturales que se hacen en relación a los medios de comunicación.

Evolucion de la educacion en medios


Comparto con ustedes una línea evolutiva de los estudios hechos en Educación en medios. Las diferentes líneas de pensamiento tienen una correlación con el periodo que se vivía y las distintas teorías de la comunicación que se habían desarrollado al momento.

1933. Discriminación: Influencia corruptora. Vehículo de placer superficial. Armar contra la manipulación. Proteccionismo.

1950-60. Estudios culturales. Diferencias entre cultura popular y pop. Construir a partir de experiencias culturales cotidianas. Diferencia entre cultura viviente y procesada. Imperialismo cultural

1970-80. Screen education y desmitificación. Uso semiótica, estructuralismo, psicoanálisis Poner al descubierto ideologías ocultas. Liberar de influencias. Resistencia moral

1980-90 Democratización y actitud defensiva. Democratización de cultura extraescolar. Establecer conexión entre cultura de la escuela y hogar. Actitud defensiva que inmunice o proteja. Resistencia política

1990-2000. Educación en medios. Capacitar, Analizar y Construir para fortalecer, rechazar o desengañar falsas creencias e ideologías. Desplazar y superar

2000-2007. Alfabetización medial e hipermedial. Formar consumidores racionales, críticos y responsables. Insistencia en daños vs Beneficios y placeres de los medios e hipermedios