sábado, mayo 08, 2010

Usuarios web

Por Jorge Alberto Hidalgo Toledo

En el estudio Global: confianza en la publicidad (2007) publicado por Nielsen y realizado en 47 países, los mexicanos se encuentran en tercer sitio con relación a los países que más confianza tienen en la publicidad (por debajo de Filipina y Brasil). En dicho estudio llama la atención que 61% de los consumidores mexicanos confían en las opiniones de consumidores en internet (2% debajo de la confianza expresada hacia los periódicos); 60% de la confianza la tienen en sitios de internet de las marcas (4% arriba de las revistas y la televisión y 6% arriba de la radio).

Esto lo puntualizo dado que internet está comenzando a ganar terreno en términos de ingresos.  En el estudio del Valor del Mercado (Tercera Edición ) realizado por la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública se reportó en 2006, una inversión de más de 514 millones de pesos sólo para el rubro de internet. Ello no representa más del 1.2% del total del mercado de la comunicación comercial en México. Sin embargo, en términos de crecimiento versus al año anterior representó un incremento del 97.7%. En ese mismo estudio se observa que la inversión en desarrollo de interactivos y servicios de mercadotecnia directa en Internet fue de 772 millones de pesos, que representa 8.1% de la participación total en el rubro de la mercadotecnia directa. Con lo cual se puede ver cómo Internet es el canal de mayor crecimiento en aplicaciones de mercadotecnia y publicidad y su crecimiento es exponencial en el país.
La inversión publicitaria on-line según reporta el Primer Estudio de Inversión Publicitaria en Internet, IAB México, realizado por PricewaterhouseCoopers y Media Contact, creció de 2004 a 2006 creció en un 106% y de 2005 a 2006, un 62%. Inversión que llegó a los 365 millones de pesos con una tasa anual promedio desde 2002 de 48.75%. Es importante saber que las industrias que más invierte en línea son la financiera (12.88%); seguida de la del Transporte, viajes y turismo (10.94%) y Bebidas (10.88%). Ello debido a que las audiencias están migrando y la publicidad en línea está favoreciendo el retorno de inversión.

Ahora bien, Millward Brown México presentó en Julio de 2008 el Estudio de consumo de medios digitales en México, donde dejó ver cómo 3 de cada 10 mexicanos acceden a Internet. Accediendo en promedio 17.2 veces por mes. En este informe se hace notar que “por su poder adquisitivo, los internautas representan cerca de la mitad de los ingresos totales de las poblaciones urbanas”. 

En relación al perfil del cibernauta mexicano encontramos que 61% de ellos son hombres; 39% mujeres. Sus rangos de edad se ubican entre:
14-25: 29%
26-35: 37%
36-45: 20%
46-55: 10%
56 o más: 4%
En relación a su nivel socioeconómico:
ABC+: 62%
C: 19%
D+: 10%
DE: 9%
Llama la atención que para los niveles socioeconómicos bajos, no contar con una conexión a Internet en el hogar no es una restricción puesto que más del 6% ingresa desde un café a internet.  Los principales sitios desde donde ingresan se ubican: 53% desde el hogar; 34% del trabajo; 3% del lugar de estudio y 2% desde casa de un conocido.

En este mismo estudio se perciben como principales actividades on-line: 78%, envío de correos; 63% búsqueda de información; 49% chateo y mensajería instantánea; 33% lectura de noticias en línea, actividad a la que dedican 21.6 minutos. Puntualizo esta parte por la reflexión a la que nos invitas; sin embargo, hay que notar que el cibernauta realiza actividades multitask..

Efectivamente, destaca el consumo que hacen de las principales plataformas online internacionales o las pertenecientes a los grandes c onglomerados mediáticos nacionales. Basta ver que los usuarios usaron en el último mes los siguientes sitios: 91% Google, 50% Yahoo!, 31% Prodigy MSN, 6% Altavista, 5% Esmas y 5% Terra.

Sin lugar a dudas, del caso mexicano se pueden extraer múltiples reflexiones vinculadas con: uso y apropiación del Internet por los jóvenes; confianza y hábitos de consumo; migración de los medios tradicionales a los digitales; crecimiento de las áreas de inversión de la comunicación comercial; la incursión en red de múltiples sitios, blogs y portales que no estarán registrados nunca en la batalla de la red, por no ser parte del sector comercial de la misma. Asunto que dejo abierto a la discusión pues nos obliga a revisar quién paga estos informes y con qué fin se reportan estos datos.

Contextos en movimiento: ítems de la Generación My Social Media


Jorge Alberto Hidalgo Toledo*
Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA), 
Escuela de Comunicación
Universidad Anáhuac México Norte


Infancias definidas por los nuevos medios; tecnologías digitales que saturan el entorno; mayor engranaje de medios; la fragmentación de las audiencias, los micro nichos, contenidos bajo demanda, móviles y remezclables; mayor influencia de las tecnologías digitales en la cultura juvenil; usos cada vez más individualizados de la tecnología para fines aparentemente colectivos; espacios mediáticamente ricos; multi-tasking y procesos paralelos; el marketing integrado y la intertextualidad transmedio; intensificación de relaciones interpersonales fuera de los entornos familiares;  posibilidad de producir contenidos propios y conexión con las audiencias desconocidas y distantes pero social y digitalmente amalgamadas; dispositivos portadores de relatos, fantasías, imágenes, simulacros que operan desde la signocracia; medios viejos que se complementan con los nuevos y que aumentan las posibilidades... (Anderson, 2007, Tapscott y Williams, 2007, Buckingham, 2008, Snyder, 2004).
Sin lugar a dudas, más allá de las grandes innovaciones en las interfaces, los grandes movimientos hipermediales los estamos viviendo desde los tenores, desde los motivos, desde las clases de personas que usan las tecnologías y los contextos en que lo hacen. Quizá la gran revolución digital la estamos viviendo más en la transformación de las audiencias que en las plataformas, dispositivos y herramientas.
Facebook, que se ha colocado como el rey de las redes y las comunidades virtuales masivas ha captado con suma rapidez las variables esenciales de estos contextos en acelerado movimiento.
Don Tapscott y Anthony Williams ya planteaban desde su texto Wikinomics (2007) cómo cada vez estaríamos más inmersos en estructuras económicas, políticas, sociales y sobre todo tecnológicas que posibilitarían mayor apertura, interacción entre iguales, intercambio, colaboración y acción global.
Facebook, el gran juguete de la era de la participación, ha permitido en su arquitectura abierta, creativa, flexible, expansiva, autogestionable, autoselectiva, coordinada y autoorganizada el intercambio de recursos, servicios, bienes, productos, conocimiento, experiencias, relaciones y amistades. Siendo el gran capital digital de esta herramienta la hiperconexión participativa de saber agregado y multitudinario.
La interconexión de inteligencias, experiencias, actitudes, identidades y relaciones simbólicas es parte del corazón del espacio privado que reclamaban tanto los nativos, los colonos, los migrantes y los misioneros digitales.
En ese lugar retórico como bien pudo llamarlo Nicholas Burbules (2004) por su arqui-naturaleza socialmente íntima, incluyente, referencial, subjetivamente semántica y reveladora y por la capacidad que ofrece para descubrir conexiones significativas y percepciones novedosas; posibilita las manifestaciones públicas de identidad para intercambiar afectos, compartir intereses, validarse consensualmente, ganar legitimidad, renegociar definiciones, combinar medios y manipular la cultura.
¿Qué motivaciones impulsan a los usuarios de Facebook a aportar su tiempo y sus talentos?, ¿qué encantos tiene esta red?, ¿qué empuja a las personas a vivir la experiencia de los iguales?
Entre el listado sin duda encontramos: el sentido de pertenencia, la integración e interoperabilidad social; la diversión de socialización; el seguir el ritmo del activismo social de otros usuarios; la posibilidad de autoexpresión y generación de capital social digital; la personalización de contenidos; la satisfacción que produce el intercambio y la ética de compartir y experimentar la reciprocidad; la legitimidad que ofrece el liderazgo, el reconocimiento y el credencialismo entre los pares.

Modelando Mi Perfil
Facebook ha contribuido a modificar la presentación pública de la identidad de las personas y los rasgos discursivos. En esta nueva definición de personalidades encontramos usuarios con identidades multi-layers, desempeñando variedad de papeles que van desde el representado ante la sociedad, en la intimidad, en el lenguaje, en los ámbitos para-sociales, electrónicos, digitales y virtuales. Mismos que pueden darse en modalidad sincrónica y relacional. 
            La construcción del yo digital en Facebook, deriva del lenguaje, de la comunicación compartida y artifactual, de la transmisión y negociación de ideas, actitudes sígnicas y conductas paralingüísticas. Erving Goffman (1987) habla del humano como construcción interactiva al negociar, marcar y posicionarse discursivamente ante los demás. Estos actos de identidad fragmentada, hechos manifiestos y, la configuración de entornos cognitivos mutuos son los que posibilita Facebook de ahí que se formen, valoren y mantengan los vínculos.
En Facebook la información del sujeto en comunidad es accesible, fácil de procesar y resultará relevante en la medida que los usuarios aprendan a compensar (digital skills) las pistas conversacionales de orden simbólico, sígnico y no verbal.
¿Desde dónde logra esas habilidades expresivas? Retomando a Francisco Yus (2001) podríamos decir que se dan desde: 1) la pertenencia y adhesión a los grupos y comunidades donde compartirá ideas e intereses; 2) el sistema de relaciones que establezca con otros miembros; 3) los vínculos emocionales profundos; 4) el grado de compromiso que manifieste; 5) las historias compartidas que les lleven a intercambiar valores, preocupaciones, metas y símbolos; 6) el control y distribución de bienes colectivos como podrían ser regalos, videos y demás aplicaciones sociales; 7) la temporalidad de la interacción.
La ecología hipermedial que cohabita en Facebook permite el encuentro mediado, la práctica compartida y el reforzar, revitalizar y expandir la red de relaciones. La información contextual corpórea tan necesaria en la interacción cara a cara, es sustituida por la foto (Hidalgo, 2009) que puede ir de:
la imagen anzuelo: aquellas expuestas para captar la atención de otros y llamar de inmediato a la invitación a que los agreguemos como amigos;
la imagen espejo: que nos muestra en modo transparente, tal como son, detallando incluso virtudes y defectos de los cuales también nosotros nos mofamos;
la imagen simulación: los ubica en una pose, nunca como son, pero sí como les gustaría ser vistos
la imagen escénica: ubicada en espacios de representación, donde juegan un papel o rol con el cual quieren ser asociados o identificados;
la imagen emocional: la que al igual que el emoticon alude al estado de ánimo, en sí misma imagen señal de la cara oculta del corazón;
la imagen ilustración: caricatura desdibujada de uno mismo, porque es más fácil ser lo que otros han sido;
la imagen ausente: los que están sólo ocupando el espacio virtual como extensión del espacio fuera de línea, pero no pretenden abrirse a nuevas amistades, sólo ante aquellos que dicen conocer;
la imagen nostalgia; que esperan de la red un punto de reencuentro y concluir ahí lo que no pudieron terminar de decir en el pasado;
la imagen familia; que nace de la experiencia compartida con otros llámense familia o amigos;
• la imagen textual; en la que las grafías y los tipos cierran el círculo lingüístico;
• la imagen sonora; con la que el interlocutor establece ecos simbólicos paralingüísticos;
la imagen hipertextual; que remite a otros discursos grupalmente significativos;
• la imagen intertextual; autoreferencial y que lleva al visitante a la exploración e inmersión en otros intereses que desea el autor hacer evidentes.
La revelación al otro en Facebook no basta, por ello se busca en todo momento humanizar el espacio subrayando elementos esenciales de la vida para dar la sensación de un co-habitar, de la sensación de vecindad y familiaridad, del encuentro ocasional.

La economía del movimiento
Para“vivir en comunidad”en el corazón de Facebook la confianza, la cooperación, la legitimidad, la lealtad, la expresión y la expresividad gráfica son vitales.
Twittear, actualizar el estado, modificar constantemente la imagen del perfil, dar un toque, invitar a eventos, enviar un saludo de cumpleaños, compartir enlaces, sincronizar el estado con Blip.fm, Blip.tv y otras aplicaciones sociales, enriquecen simbólicamente la extensión de la persona real y posibilitan tanto el diálogo interactivo textual sincrónico como el asincrónico.
Ananda Mitra (1997: 59) afirma:“los textos intercambiados en Internet son artefactos que mantienen a las comunidades virtuales unidas, así como indicadores de qué dirección están tomando. Las identidades dentro de la comunidad se producen sobre todo por la forma en la que los participantes se presentan, ellos mismos, dentro del discurso. En consecuencia, la naturaleza textual de las comunidades virtuales es su rasgo más sobresaliente”. Es pues el texto, reforzado con la imagen, el sonido y el video que se explicita la identidad del facebookero para dejar de ser una fabricación intelectual descorporeizada y pasar a ser un sujeto encarnable. 
La interacción conversacional y el involucramiento en ella hace presente a los interlocutores sin importar en qué parte del mundo se encuentren. Las meta-representaciones producto de todo este intercambio dinamizan al individuo y unifican los 3 modalidades del yo virtual de Steven Jones (1997): el yo sentado frente a la computadora; el meta-yo que se presenta en el medio virtual y perciben los demás; y el yo metaficcional que  opera como un yo alternativo dentro de los límites de la realidad conversacional y que juega a ser el que se manifiesta.
Este jugar al yo, al nosotros, al ustedes y ellos, finalmente termina proporcionando significados, valores y sentidos. Roger Silverstone (2004) vincula este proceso con el seducir al espíritu y cautivar el intelecto situándose al centro de nuestra capacidad o incapacidad de comprender el mundo en que vivimos, reflexionar sobre el otro y entenderlo.
Facebook y sus herramientas pasan a ser para los nativos digitales en continuidades del habla, en modelos de lo que somos.“Los actos y los acontecimientos, las palabras y las imágenes, las impresiones, las alegrías y las aflicciones, e incluso las confusiones, resultan significativos en la medida en que pueden relacionarse entre sí dentro de algún marco a la vez individual y social”(Silverstone, 2004: 27).
Seguir al otro implica rastrear cómo participan en la vida social y cultural fuera de línea. Por ello Facebook es seductor y adictivo; por su capacidad de circular los significados de un texto a otro; de un discurso a otro; de una representación a otra; de un acontecimiento a otro.  Adicción que se va concretando e intensificando en la medida que el usuario se acostumbra a recibir respuestas cada vez más rápido y por mayor número de gente.

Yo soy mi Facebook
El texto como cuerpo; el texto como representación; el texto como mediador; el texto como conciencia, el texto como existencia. La conexión entre texto, imagen, ojo y memoria, es la conexión de sentido entre los hablantes en la red. Esta dimensión figurativa es una dimensión existencial. Somos información, estructura y narrativa. Somos en la mente del otro, la corporeización de todo lo que aparecen en el perfil. Facebook nos propone, dibuja y materializa desde la mímesis que posibilita el texto.
Si la mímesis es actuación vaya manera de actuar en el mundo. Ya lo decía Goffman (114):“en esos escenarios en los cuales hacemos lo que hacemos como exhibición, para impresionar a otros y definir y mantener nuestra auto-percepción, un sentido de identidad; escenarios que a su turno dependen de los bastidores donde, invisibles para nuestra audiencia prevista, podemos preparar el maquillaje y la transformación”.
            Para quien Facebook es la vida, la conexión es indiscutible y comprometedora y se vuelve tan real como lo real, dado que el mundo en el que vive es parte del mundo que construye.
El texto como interfaz en el imperio de lo visual conecta la vida social con la vida de significados.  La feudalización de Facebook por parte de los nativos digitales no sólo está dada por los entornos de consumo, sino como un reclamo de espacios donde se concrete lo mediáticamente público y privado.
Estar siempre disponible en ese pequeño“rincón del mundo”-hoy primer universo para la Generación My Social Media- los hace sentir en casa, en un mundo donde los sin techo son los que se han quedado fuera de la aldea digital.

Vigilancia cooperativa y acompañamiento social
Seguir y ser seguido. Follow me, following you. En metáfora bucólica: Twitter promoviendo al buen pastor en las comarcas de la parcela digital. Intertextualidad, el yo como un texto que remite a otros textos y al final, dicha trama retórica, como un complejo caótico de significados. Y pienso en Twitter, como también en la página de inicio de Facebook, donde se concentran los estilos, los estados de ánimo, las amistades, las imágenes, los textos… los significados. Y a todo esto, ¿cuál es el encanto de seguir al otro?
            Escena 1: Hace unos días, en mitad de clase, una alumna interrumpe molesta y la compañera de banca la justifica: “profesor discúlpela. Pero es que está estoqueando a su novio en Facebook y ya vio que está platicando con la ex”.
            Escena 2: En Hi5: “ayer por la noche no tenía nada qué hacer y que me pongo a googlear y que me topo tu perfil en todos lados ¿qué haces todo el día? ¿A poco te da tiempo para actualizar todos tus perfiles?”
            Escena 3: En Twitter: “¿cuántos mensajes sueles mandar en un día?, ¿5?, ¿10? ¡100! ¿Y a poco crees que los leen?” “No sé, pero de vez en cuando me contestan.”
            Escena 4: En Blip: “Para los que se despertaron luchando contra demonios y molinos de viento”. Segundos después responden comentando: “Me gusta”. Pulgar arriba. “Muy atinado para un día como hoy”
           
Variedades semánticas digitales
¿En qué modo están cambiando las conductas humanas estas nuevas redes sociales y herramientas de micro-blogging? ¿Cuál es el valor de esta nueva forma de conexión social? ¿Qué tipo de capital digital aportan? ¿Qué nuevos códigos de socialización estamos conformando y aceptando al validar aplicaciones sociales como Twitter, Facebook, Hi5, Blip, etc?
            Sin lugar a dudas, en estos espacios de comunicación social entre colectivos, confluyen y se entremezclan una serie de prácticas sociales muy antiguas de asociación, cooperación, acción, control, reputación e integración, pero ahora en modalidad digital.
            La comunicación fluida y permanente está a la vista de todos. Toda la gente, todas sus cosas, todas sus emociones, gustos y saberes. Basta teclear y un universo entero estará al alcance de nuestra mano. Thomas Friedman denominó a esta aplanadora como in-forming, en su ya clásico La tierra es plana. In-forming “es la capacidad de crear y desplegar tu propia cadena de suministro, una cadena de suministro de información, conocimientos y de entretenimiento” (2007, p. 165). En las aplicaciones sociales, es el sujeto mismo el que edita, crea, investiga, selecciona y elige valiéndose de sus capacidades, medios y herramientas para optar por lo más afín a él mismo.  En esta óptica googoolear  o googlear es como un rastrear en la propia memoria.
Buscar y rastrear para gente como Larry Page y Eric Schmidt (Google) es una nueva clase de colaboración. Una colaboración individual hecha a la medida. Una compleja forma de emancipación y de expresión que se sustenta en la búsqueda de aliados y colaboradores para conformar comunidades que superen las fronteras nacionales y culturales.
En la lógica de Mark Zuckerberg (Facebook), Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams (Twitter) publicar y compartir ideas, intereses y emociones es intercambiar afinidades, hacernos transparentes. En ese mundo plano de Friedman, siempre podrán rastrearnos, porque en la “era de la búsqueda superpropulsada, todo el mundo es un famoso” (2007, p. 171), pero más que un famoso, el sujeto se vuelve visible. De lo que deriva, que de estas tecnologías de información se desprende una nueva forma de mirar, de organizar, de conocer, de regular, de valorar.
 En estas aplicaciones sociales que explotan la capacidad de internet por conectarlo todo, integrarlo y recombinarlo (Castells, 2001) surgen nuevas prácticas sociales, nuevas formas cognitivas, nuevos tipos de aprendices.
Una red social así como una comunidad virtual, son en sí mismas una comunidad de aprendices y de constructores colaborativos de conocimiento. Por ende, como afirma Begoña Gros-Salvat “distribuir significa compartir: la autoridad, el lenguaje, las experiencias, las tareas, la herencia cultural” (2008, p. 66).
En estos espacios retóricos y sociales, el usuario es el que hace el seguimiento y el diagnóstico, la aplicación sólo proporciona la estructura. Es pues una red social una comunidad de práctica un círculo de aprendizaje en la que los participantes se implican en procesos colaborativos, comparten experiencias y problemas.
Twitter como Facebook permiten la difusión caótica, fragmentada, diversificada, descoordinada y multiplicada pero interconectada a las diferentes contribuciones de los participantes. Conectarse, interactuar, compartir, distribuir quizá acerca a estas herramientas al concepto de Pierre Lévy de la interfaz como una red cognitiva de interacciones (1999).
Por ello, seguir, es conectar, sintonizar, provocar, inquietar, persuadir, seducir, excitar, motivar, negociar significados, co-construir, integrar. Ver y ser visto, el alimento de la pulsión oscópica.
Las redes sociales como modelo comunicativo fungen en parte como espejos, que como dice Joan Ferrés i Prats (2008) devuelven al receptor su propia imagen, lo que siente, lo que desea, lo que teme, lo que le preocupa, sus esperanzas, sus deseos, lo que piensa o lo que quiere pensar.
La visualización compulsiva  de códigos verbales y audiovisuales que se vive en Twitter y Facebook integra lo concreto y lo abstracto, une lo conceptual con lo emocional, lo simultáneo con lo lineal, lo acelerado con lo trepidante, lo racional con lo reflexivo, lo divertido con lo intuitivo, lo local con lo global.
Una extraña intimidad personalizada, portátil y colectiva se entreteje en este espacio social alternativo. Un “tengo frío” pesa tanto como un “¿Cuál de los 9 tipos de personalidad eres?”, porque en el fondo todas ellas son una extensión del corazón de los nativos digitales.
Como plantea Howard Rheingold (2004) no sólo estamos ante un nuevo usuario, sino ante una nueva cultura, nuevos modos de vida, nuevas formas de ver y ser vistos. Este modo de compartir con los demás momentos puntuales de la vida en tiempo real, no es un mero intercambio de información, es un sentirse acompañado, una modalidad del pienso en ti, del alguien se acordó de mí.
Seguir, multiplica las oportunidades de establecer contactos; consolida la propia identidad como miembros de un grupo en la mente de los demás (Hidalgo, 2009); denota interés; reafirma una relación; simboliza compromisos y lealtades; establece puentes de confianza; desarrolla conexiones internacionales; permite la participación cívica para comunicar opiniones a públicos más vastos (Buckingham, 2008); los hace presentes más allá del espacio conversacional.
Así pues, quien comparte conocimientos y estados de ánimo en la red, obtiene mayores cantidades de conocimiento y oportunidades de sociabilidad (Rheingold, 2004).
El mismo Carlos Scolari nos recuerda: “El hecho de poder estar siempre disponibles, en cualquier momento y en cualquier lugar, transforma la gestión de las actividades y la regulación del ciclo vital social” (2008, p. 283). Estar y ser visto obliga a los participantes de una red a dejar de ser consumidores para pasar a ser prosumidores, usuarios interactivos, algo más que simples espectadores, reproductores y difusores. La producción y distribución participativa que permiten Facebook y Twitter impulsan la reciprocidad y la cooperación.
Por otra parte, Twitter y Facebook ofrecen también a los “mineros de datos” un acceso extendido a los modos de representación, lenguaje y producción social de los otros. Ejerciendo con ello una especie de vigilancia cooperativa, de autoridad coercitiva, una especie de vigilancia inversa como la que plantea Andrew Hope (2005). Para ellos, seguir representa un jugar al gato y al ratón, una diversión social amparada en el pánico, del “¿quién estará viendo mi perfil?”
Conectar y seguir, en términos de viralidad y contagio para esta acepción de usuarios, pasa del “yo también”, del acompañamiento social a un placer irreverente de autoridad normativa. Esta suerte de regulación del actuar comunitario apela al vigía, al francotirador que se entromete en los “estados” y “muros” a “comentar en términos de coacción” para captar la atención de los demás e ir minando el desprestigio y reconocimiento de los otros.
Mientras que la vigilancia cooperativa establece mecanismos autorregulatorios de sana convivencia, la vigilancia coercitiva intenta herir con una estocada, controlar en modo sublime la conducta de los miembros. Basta sentirse vigilado para que la aportación se reduzca. En cambio si la visión se siente invisible, todo cambia, la publicación se hace con esperanza de retorno de inversión.
Para propagar ideas se requieren conexiones y nodos libres afirma Joseph Jaffe (2006); así como reclutas que retransmitan un mensaje para ampliar la audiencia y coordinar las actividades con otros grupos. En la economía de la reputación y la cultura de la exposición (Anderson, 2007), los vigilantes coercitivos buscan frenar las acciones colectivas.
Pero es curioso, en la ecología hipermedial de las redes sociales, estos mecanismos de control y de presión social son los que ayudan a mantener la confianza en las comunidades. La cooperación es un juego de encuentros y de estrategias en busca de la reputación; por ello, limpieza social, dilema y reciprocidad, siempre van de la mano. La ley de los contribuyentes es proporcional al número de observadores.
Finalmente, a todo esto, ¿por qué y para qué seguirnos? Podríamos contestar: para experimentar nuevas manera de percibir, de sentir, de escuchar y de ver (Morduchowicz, et al, 2008); para reinsertarnos socialmente, hacernos visibles y estar juntos (Martín-Barbero, 2008); porque el yo espectador se transforma en un nosotros, en una comunidad de compromisos y sentimientos a distancia (Pasquier, 2008);  por dependencia a los afectos, a la ilusión, para encontrar sentido a la realidad aburrida y poco apasionante y evitar el Efecto Tamagochi (de qué pasará con mi avatar y mi perfil mientras no estoy) (Valleur y Matysiak, 2005); para vincularse, eludir preocupaciones, bajar la guardia y vivir un poco de alegría (Schore, 2006) o quizá por algo tan simple como dice Marco Silva: “Porque el intercambio es justamente lo que crea la vida, lo que llama la vida” (2005, p. 105).

Referencias
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*Jorge Alberto Hidalgo Toledo. Lic. En Comunicación, Maestro en Humanidades por la Universidad Anáhuac. Titular de la Cátedra Televisa en Innovación en Contenidos, actualmente Titular de la Cátedra FISAC-Anáhuac en comunicación para la responsabilidad ante el consumo. Investigador Titular del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA), de la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac. Director de Medios de Global Content. Coautor del libro: Comunicación Masiva en Hispanoamérica: Cultura y literatura mediática (2005). jhidalgo@anahuac.mx 

Tipología del continente digital

Retomando a Scolari y a nuestra necesidad de construir metáforas (para –en primer lugar- autoexplicarnos), sobre la cual trabajo es la del Continente digital. Bajo esta óptica yo ubico múltiples sujetos inmersos en el complejo digital, incluso antes de la llegada al Continente mismo y su Netnografía. Hago mención a ellos por si sirven para seguir reflexionando:
1)      El Alquimista: aquél visionario que detecta una necesidad, un problema, un área de oportunidad y hace uso de sus lecturas, bagajes y recursos teóricos para plantear una solución tecnológica sin llegar muchas veces al desarrollo de la misma, sólo a su especulación.  (Los teóricos)
2)       El inventor: aquél que retoma los postulados teóricos del alquimista y desarrolla con todos los “códigos” y recursos tecnológicos a su alcance para construir o reconstruir (mush-ups) las naves sobre las cuales saldrán otros a buscar rutas para “comercializar especias”, atraer “tesoros” o conquistar territorios (Los Programadores)
3)      El conquistador: aquél que percibe el potencial de negocio y mercado detrás de la tecnología; se actualiza, capacita, forma, domina, compra y vende la misma pero su motor  no es el dominio del navío, la maravilla del viaje, sino lo que traerá a su regreso. (Microsoft, Apple)
4)      El piloto y el marinero: aquellos que conocen a la perfección la operación del barco, las condiciones de viaje, el cómo lidiar tormentas y llegar a puerto seguro. Su compromiso está con la tripulación, su amor y pasión es el barco mismo y su conquista está en legitimidad que ganan entre los demás marinos a quienes presumen todos sus viajes (pensemos en los desarrolladores de código abierto y en la comunidad Linux)
5)      El viajero: el que circula de navío en navío (su condición es transmedial, apasionada pero no comprometida, hoy va en barco, mañana en tren…) (Quizá aquí están los Pioneros adultos de Balardini y los Beta testers)
6)      El misionero: el que viaja a nuevas tierras a difundir, sembrar e inculturar lo que otros Alquimistas han generado en su territorio de origen (Aquí incluiría a los instructores, universidades y docentes que nos encargamos de generar expertos web ya sea para que se conviertan en otros alquimistas, inventores y conquistadores; no sé si estos serían los inmigrantes de Alejandro)
Hasta aquí yo encuentro una serie de actores del “viejo mundo” que cuentan con una serie de usos, costumbres, apropiaciones y habilidades digitales, a veces mayores que las de los nativos. En términos de competencias ¿quién es más nativo, colono o inmigrante de todos ellos?, no lo sé. Lo que sí me queda claro es que generalmente partimos, en nuestra construcción teórica de lo ya dado y no del cómo llegamos a ese estadio.
Ahora bien ya dentro del “Continente digital” o como generaciones interactivas, hipermediales o digitales ubico a otras tribus.
7)      Los nativos olvidados: aquellos sectores de la población excluida del proceso de digitalización.
8)      La resistencia: grupos de nativos que aún cuando tienen dominio y competencias digitales se niegan a llevar una vida digital. Algunos de ellos también son grupos de choque en la misma red.
9)      Los autoexcluidos: que no quieren participar del mundo digital, aunque tienen acceso a la tecnología. Se automarginan por ideología, destreza, edad o porque no comparten los beneficios que otros ven.
10)   Los evangelizados: aquellos que fueron capacitados, formados e inculturados por los misioneros. Llevan una vida digital activa y receptiva a las nuevas prácticas que difundan los misioneros.
a.       Los evangelizados sincréticos: mantienen sus tradiciones y el pensamiento análogo en modo híbrido con la vida digital.
b.      Los mártires: son verdaderos autoconvencidos de la vida digital. Muchos de ellos no sólo son ortodoxos en la práctica de los principios, tradiciones, vivencias y prácticas tecnológicas, sino que su defensa es radical.
c.       Los apóstoles: son los early adopters que se encargan de difundir y promover las innovaciones entre sus pares para hacerlos partícipes de los nuevos desarrollos. Terminan siendo más efectivos que los misioneros en proceso de inculturación digital.
d.      Los mercaderes: aquellos que se encargan de construir el mercado (heavy users), la gran masa de los que adoptan las tecnologías, el corazón de la curva de adopción de innovaciones tecnológicas de Rogers.
e.      Los arribistas: seguidores que adoptan las modas y tendencias para ser aceptados y valorados por sus pares.
11)   Los autodidactas: aquellos que se autoforman competencias y destrezas digitales pues gustan de los desarrollos tecnológicos aún cuando su tribu no participe de ellos.
12)   Los mestizos digitales: segunda generación de usuarios y que realmente nacen en el continente digital. Aún cuando su tribu (generación) vive ya en el mundo digital no todos participan en ella del mismo modo y se involucran con cada medio en diferente medida.
13)   Los latifundistas: los que se apoderan de los liderazgos digitales para dominar a sus pares o a los usuarios venideros.
14)   Los esclavos tecnológicos: los altamente comprometidos e involucrados con cierta tecnología generando dependencia aún cuando la tendencia y los usos migren.
15)   Los extranjeros: que van y vienen de lo análogo digital pero sin comprometerse con la tecnología  
16)   Los Inmigrantes: los que desechan poco a poco el mundo análogo para vivir en las parcelas digitales
17)   Los exiliados: los que por necesidad u obligación se tienen que comprometer con la tecnología aún cuando no gusten de ella.
Y así podríamos seguir ampliando nuestra lista. A lo que voy es que las condiciones históricas, circunstanciales, sociales, individuales a todos nos han llevado a involucrarnos de alguna u otra manera con las tecnologías de información. Independientemente, o quizá correlativamente a ello, cada uno guarda un compromiso e involucramiento con las tecnologías de información.
Para mí, lo apasionante es conocer de cada uno de ellos sus motivaciones, significaciones, usos y apropiaciones. Considero que son tan valiosas e importantes las vivencias digitales de un chico que nació, creció y se desarrollo en medio del boom digital, como las que tiene su madre que por primera vez usa un celular, el padre que depende de una laptop para hacer su trabajo, como de la tía que sólo usa el correo para mandar cadenas y postales virtuales, la abuela que piensa que un control remoto es obra del diablo, el maestro que se siente orgulloso armando una presentación de power point o el párroco que comparte sus homilías vía podcast.
Sin duda, el tiempo que nos ha tocado vivir guarda tantos misterios y maravillas como el que le tocó a los hombres, que como digo, tocaron estas tierras sin saber que al día de hoy nos seguiríamos preguntando por qué salieron de casa y qué se llevaron de aquí después de la conquista.