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domingo, mayo 17, 2009

Vigilancia cooperativa y acompañamiento social

Por: Jorge Alberto Hidalgo Toledo

 

Seguir y ser seguido. Follow me, following you. En metáfora bucólica: Twitter promoviendo al buen pastor en las comarcas de la parcela digital. Intertextualidad, el yo como un texto que remite a otros textos y al final, dicha trama retórica, como un complejo caótico de significados. Y pienso en Twitter, como también en la página de inicio de Facebook, donde se concentran los estilos, los estados de ánimo, las amistades, las imágenes, los textos… los significados. Y a todo esto, ¿cuál es el encanto de seguir al otro?

            Escena 1: Hace unos días, en mitad de clase, una alumna interrumpe molesta y la compañera de banca la justifica: “profesor discúlpela. Pero es que está estoqueando a su novio en Facebook y ya vio que está platicando con la ex”.

            Escena 2: En Hi5: “ayer por la noche no tenía nada qué hacer y que me pongo a googlear y que me topo tu perfil en todos lados ¿qué haces todo el día? ¿A poco te da tiempo para actualizar todos tus perfiles?”

            Escena 3: En Twitter: “¿cuántos mensajes sueles mandar en un día?, ¿5?, ¿10? ¡100! ¿Y a poco crees que los leen?” “No sé, pero de vez en cuando me contestan.”

            Escena 4: En Blip: “Para los que se despertaron luchando contra demonios y molinos de viento”. Segundos después responden comentando: “Me gusta”. Pulgar arriba. “Muy atinado para un día como hoy”

           

Variedades semánticas digitales

¿En qué modo están cambiando las conductas humanas estas nuevas redes sociales y herramientas de micro-blogging? ¿Cuál es el valor de esta nueva forma de conexión social? ¿Qué tipo de capital digital aportan? ¿Qué nuevos códigos de socialización estamos conformando y aceptando al validar aplicaciones sociales como Twitter, Facebook, Hi5, Blip, etc?

            Sin lugar a dudas, en estos espacios de comunicación social entre colectivos, confluyen y se entremezclan una serie de prácticas sociales muy antiguas de asociación, cooperación, acción, control, reputación e integración, pero ahora en modalidad digital.

            La comunicación fluida y permanente está a la vista de todos. Toda la gente, todas sus cosas, todas sus emociones, gustos y saberes. Basta teclear y un universo entero estará al alcance de nuestra mano. Thomas Friedman denominó a esta aplanadora como in-forming, en su ya clásico La tierra es plana. In-forming “es la capacidad de crear y desplegar tu propia cadena de suministro, una cadena de suministro de información, conocimientos y de entretenimiento” (2007, p. 165). En las aplicaciones sociales, es el sujeto mismo el que edita, crea, investiga, selecciona y elige valiéndose de sus capacidades, medios y herramientas para optar por lo más afín a él mismo.  En esta óptica googoolear  o googlear es como un rastrear en la propia memoria.

Buscar y rastrear para gente como Larry Page y Eric Schmidt (Google) es una nueva clase de colaboración. Una colaboración individual hecha a la medida. Una compleja forma de emancipación y de expresión que se sustenta en la búsqueda de aliados y colaboradores para conformar comunidades que superen las fronteras nacionales y culturales.

En la lógica de Mark Zuckerberg (Facebook), Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams (Twitter) publicar y compartir ideas, intereses y emociones es intercambiar afinidades, hacernos transparentes. En ese mundo plano de Friedman, siempre podrán rastrearnos, porque en la “era de la búsqueda superpropulsada, todo el mundo es un famoso” (2007, p. 171), pero más que un famoso, el sujeto se vuelve visible. De lo que deriva, que de estas tecnologías de información se desprende una nueva forma de mirar, de organizar, de conocer, de regular, de valorar.

 En estas aplicaciones sociales que explotan la capacidad de internet por conectarlo todo, integrarlo y recombinarlo (Castells, 2001) surgen nuevas prácticas sociales, nuevas formas cognitivas, nuevos tipos de aprendices.

Una red social así como una comunidad virtual, son en sí mismas una comunidad de aprendices y de constructores colaborativos de conocimiento. Por ende, como afirma Begoña Gros-Salvat “distribuir significa compartir: la autoridad, el lenguaje, las experiencias, las tareas, la herencia cultural” (2008, p. 66).

En estos espacios retóricos y sociales, el usuario es el que hace el seguimiento y el diagnóstico, la aplicación sólo proporciona la estructura. Es pues una red social una comunidad de práctica un círculo de aprendizaje en la que los participantes se implican en procesos colaborativos, comparten experiencias y problemas.

Twitter como Facebook permiten la difusión caótica, fragmentada, diversificada, descoordinada y multiplicada pero interconectada a las diferentes contribuciones de los participantes. Conectarse, interactuar, compartir, distribuir quizá acerca a estas herramientas al concepto de Pierre Lévy de la interfaz como una red cognitiva de interacciones (1999).

Por ello, seguir, es conectar, sintonizar, provocar, inquietar, persuadir, seducir, excitar, motivar, negociar significados, co-construir, integrar. Ver y ser visto, el alimento de la pulsión oscópica.

Las redes sociales como modelo comunicativo fungen en parte como espejos, que como dice Joan Ferrés i Prats (2008) devuelven al receptor su propia imagen, lo que siente, lo que desea, lo que teme, lo que le preocupa, sus esperanzas, sus deseos, lo que piensa o lo que quiere pensar.

La visualización compulsiva  de códigos verbales y audiovisuales que se vive en Twitter y Facebook integra lo concreto y lo abstracto, une lo conceptual con lo emocional, lo simultáneo con lo lineal, lo acelerado con lo trepidante, lo racional con lo reflexivo, lo divertido con lo intuitivo, lo local con lo global.

Una extraña intimidad personalizada, portátil y colectiva se entreteje en este espacio social alternativo. Un “tengo frío” pesa tanto como un “¿Cuál de los 9 tipos de personalidad eres?”, porque en el fondo todas ellas son una extensión del corazón de los nativos digitales.

Como plantea Howard Rheingold (2004) no sólo estamos ante un nuevo usuario, sino ante una nueva cultura, nuevos modos de vida, nuevas formas de ver y ser vistos. Este modo de compartir con los demás momentos puntuales de la vida en tiempo real, no es un mero intercambio de información, es un sentirse acompañado, una modalidad del pienso en ti, del alguien se acordó de mí.

Seguir, multiplica las oportunidades de establecer contactos; consolida la propia identidad como miembros de un grupo en la mente de los demás (Hidalgo, 2009); denota interés; reafirma una relación; simboliza compromisos y lealtades; establece puentes de confianza; desarrolla conexiones internacionales; permite la participación cívica para comunicar opiniones a públicos más vastos (Buckingham, 2008); los hace presentes más allá del espacio conversacional.

Así pues, quien comparte conocimientos y estados de ánimo en la red, obtiene mayores cantidades de conocimiento y oportunidades de sociabilidad (Rheingold, 2004).

El mismo Carlos Scolari nos recuerda: “El hecho de poder estar siempre disponibles, en cualquier momento y en cualquier lugar, transforma la gestión de las actividades y la regulación del ciclo vital social” (2008, p. 283). Estar y ser visto obliga a los participantes de una red a dejar de ser consumidores para pasar a ser prosumidores, usuarios interactivos, algo más que simples espectadores, reproductores y difusores. La producción y distribución participativa que permiten Facebook y Twitter impulsan la reciprocidad y la cooperación.

Por otra parte, Twitter y Facebook ofrecen también a los “mineros de datos” un acceso extendido a los modos de representación, lenguaje y producción social de los otros. Ejerciendo con ello una especie de vigilancia cooperativa, de autoridad coercitiva, una especie de vigilancia inversa como la que plantea Andrew Hope (2005). Para ellos, seguir representa un jugar al gato y al ratón, una diversión social amparada en el pánico, del “¿quién estará viendo mi perfil?”

Conectar y seguir, en términos de viralidad y contagio para esta acepción de usuarios, pasa del “yo también”, del acompañamiento social a un placer irreverente de autoridad normativa. Esta suerte de regulación del actuar comunitario apela al vigía, al francotirador que se entromete en los “estados” y “muros” a “comentar en términos de coacción” para captar la atención de los demás e ir minando el desprestigio y reconocimiento de los otros.

Mientras que la vigilancia cooperativa establece mecanismos autorregulatorios de sana convivencia, la vigilancia coercitiva intenta herir con una estocada, controlar en modo sublime la conducta de los miembros. Basta sentirse vigilado para que la aportación se reduzca. En cambio si la visión se siente invisible, todo cambia, la publicación se hace con esperanza de retorno de inversión.

Para propagar ideas se requieren conexiones y nodos libres afirma Joseph Jaffe (2006); así como reclutas que retransmitan un mensaje para ampliar la audiencia y coordinar las actividades con otros grupos. En la economía de la reputación y la cultura de la exposición (Anderson, 2007), los vigilantes coercitivos buscan frenar las acciones colectivas.

Pero es curioso, en la ecología hipermedial de las redes sociales, estos mecanismos de control y de presión social son los que ayudan a mantener la confianza en las comunidades. La cooperación es un juego de encuentros y de estrategias en busca de la reputación; por ello, limpieza social, dilema y reciprocidad, siempre van de la mano. La ley de los contribuyentes es proporcional al número de observadores.

Finalmente, a todo esto, ¿por qué y para qué seguirnos? Podríamos contestar: para experimentar nuevas manera de percibir, de sentir, de escuchar y de ver (Morduchowicz, et al, 2008); para reinsertarnos socialmente, hacernos visibles y estar juntos (Martín-Barbero, 2008); porque el yo espectador se transforma en un nosotros, en una comunidad de compromisos y sentimientos a distancia (Pasquier, 2008);  por dependencia a los afectos, a la ilusión, para encontrar sentido a la realidad aburrida y poco apasionante y evitar el Efecto Tamagochi (de qué pasará con mi avatar y mi perfil mientras no estoy) (Valleur y Matysiak, 2005); para vincularse, eludir preocupaciones, bajar la guardia y vivir un poco de alegría (Schore, 2006) o quizá por algo tan simple como dice Marco Silva: “Porque el intercambio es justamente lo que crea la vida, lo que llama la vida” (2005, p. 105).

 

 

Referencias

Anderson, C. (2007). La Economía Long Tail: de los mercados de masas al triunfo de lo minoritario. Barcelona: Taurus.

Martín-Barbero, J. (2008). “El cambio en la percepción de los jóvenes: Socialidades, tecnicidades y subjetividades”, en Morduchowicz, R., Martín-Barbero, J., Pasquier. D. Pinto, M., García Matilla, A. Walzer, A. y Callejo, J. (2008). Los jóvenes y las pantallas: nuevas formas de sociabilidad. Buenos Aires: Gedisa.

Buckingham, D. (2005). Educación en medios: alfabetización, aprendizaje y cultura contemporánea. Barcelona: Paidós

Buckingham, D. (2008). Más allá de la tecnología: Aprendizaje infantil en la era de la cultura digital. Buenos Aires: Manantial

Castells, M. (2001). La galaxia Internet: Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad. Barcelona: Plaza y Janés.

Ferrés i Prats, J. (2008) La educación como industria del deseo: un nuevo estilo comunicativo. Barcelona: Gedisa

Friedman, T. (2007). La tierra es plana: Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI. México: Planeta

Gros Salvat, B. (2008) Aprendizajes, conexiones y artefactos: la producción colaborativa del conocimiento. Barcelona: Gedisa

Hidalgo, J. (2009) Contextos en movimiento: ítems de la Generación My Social Media. Recuperado el 16 de mayo de 2009 en http://inmersioneducativa.blogspot.com/2009/05/contextos-en-movimiento-items-de-la.html

Hope, A. (2005) “Panopticism, playa n the resistance of surveillance: case studies of the observation of students internet use in UK schools”, en British Journal of Sociology of Education, vol. 26, No. 3, 2005, p. 359-373. Recuperado el 9 de mayo de 2009 en http://www.informaworld.com/smpp/content~content=a713993060~db=all

Jaffe, J. (2006) Más allá del spot de 30 segundos: alternativa a la publicidad tradicional. México: CECSA

Lévy, P., Levis, D. (1999). ¿Qué es lo virtual? Barcelona: Paidós

Morduchowicz, R. (2008). La generación multimedia: significados, consumos y prácticas culturales de los jóvenes. Buenos Aires: Paidós.

Morduchowicz, R., Martín-Barbero, J., Pasquier. D., Pinto, M., García Matilla, A. Walzer, A. y Callejo, J. (2008). Los jóvenes y las pantallas: nuevas formas de sociabilidad. Buenos Aires: Gedisa.

Pasquier. D. (2008). “La televisión como experiencia colectiva: un estudio de recepción” en Morduchowicz, R., Martín-Barbero, J., Pasquier. D., Pinto, M., García Matilla, A. Walzer, A. y Callejo, J. (2008). Los jóvenes y las pantallas: nuevas formas de sociabilidad. Buenos Aires: Gedisa.

Rheingold, H. (2004) Multitudes inteligentes: la próxima revolución social. Barcelona: Gedisa

Schor, J. (2006) Nacidos para comprar: los nuevos consumidores infantiles. Barcelona: Paidós

Scolari, C. (2008). Hipermediaciones: elementos para una Teoría de la Comunicación Digital Interactiva. Barcelona: Gedisa.

Silva, M. (2005). Educación interactiva: Enseñanza y aprendizaje presencial y on-line. Barcelona: Gedisa

Tubella, I., Tabernero, C. y Dwyer, V. (2008) Internet y televisión: la guerra de las pantallas. Barcelona: Ariel

Valleur, M., Matysiak, J.C (2005) Las nuevas adicciones del siglo XXI: Sexo, pasión y videojuegos. Barcelona: Paidós

martes, mayo 12, 2009

Contextos en movimiento: ítems de la Generación My Social Media

Infancias definidas por los nuevos medios; tecnologías digitales que saturan el entorno; mayor engranaje de medios; la fragmentación de las audiencias, los micro nichos, contenidos bajo demanda, móviles y remezclables; mayor influencia de las tecnologías digitales en la cultura juvenil; usos cada vez más individualizados de la tecnología para fines aparentemente colectivos; espacios mediáticamente ricos; multi-tasking y procesos paralelos; el marketing integrado y la intertextualidad transmedio; intensificación de relaciones interpersonales fuera de los entornos familiares;  posibilidad de producir contenidos propios y conexión con las audiencias desconocidas y distantes pero social y digitalmente amalgamadas; dispositivos portadores de relatos, fantasías, imágenes, simulacros que operan desde la signocracia; medios viejos que se complementan con los nuevos y que aumentan las posibilidades... (Anderson, 2007, Tapscott y Williams, 2007, Buckingham, 2008, Snyder, 2004).

Sin lugar a dudas, más allá de las grandes innovaciones en las interfaces, los grandes movimientos hipermediales los estamos viviendo desde los tenores, desde los motivos, desde las clases de personas que usan las tecnologías y los contextos en que lo hacen. Quizá la gran revolución digital la estamos viviendo más en la transformación de las audiencias que en las plataformas, dispositivos y herramientas.

Facebook, que se ha colocado como el rey de las redes y las comunidades virtuales masivas ha captado con suma rapidez las variables esenciales de estos contextos en acelerado movimiento.

Don Tapscott y Anthony Williams ya planteaban desde su texto Wikinomics (2007) cómo cada vez estaríamos más inmersos en estructuras económicas, políticas, sociales y sobre todo tecnológicas que posibilitarían mayor apertura, interacción entre iguales, intercambio, colaboración y acción global.

Facebook, el gran juguete de la era de la participación, ha permitido en su arquitectura abierta, creativa, flexible, expansiva, autogestionable, autoselectiva, coordinada y autoorganizada el intercambio de recursos, servicios, bienes, productos, conocimiento, experiencias, relaciones y amistades. Siendo el gran capital digital de esta herramienta la hiperconexión participativa de saber agregado y multitudinario.

La interconexión de inteligencias, experiencias, actitudes, identidades y relaciones simbólicas es parte del corazón del espacio privado que reclamaban tanto los nativos, los colonos, los migrantes y los misioneros digitales.

En ese lugar retórico como bien pudo llamarlo Nicholas Burbules (2004) por su arqui-naturaleza socialmente íntima, incluyente, referencial, subjetivamente semántica y reveladora y por la capacidad que ofrece para descubrir conexiones significativas y percepciones novedosas; posibilita las manifestaciones públicas de identidad para intercambiar afectos, compartir intereses, validarse consensualmente, ganar legitimidad, renegociar definiciones, combinar medios y manipular la cultura.

¿Qué motivaciones impulsan a los usuarios de Facebook a aportar su tiempo y sus talentos?, ¿qué encantos tiene esta red?, ¿qué empuja a las personas a vivir la experiencia de los iguales?

Entre el listado sin duda encontramos: el sentido de pertenencia, la integración e interoperabilidad social; la diversión de socialización; el seguir el ritmo del activismo social de otros usuarios; la posibilidad de autoexpresión y generación de capital social digital; la personalización de contenidos; la satisfacción que produce el intercambio y la ética de compartir y experimentar la reciprocidad; la legitimidad que ofrece el liderazgo, el reconocimiento y el credencialismo entre los pares.

 

Modelando Mi Perfil

Facebook ha contribuido a modificar la presentación pública de la identidad de las personas y los rasgos discursivos. En esta nueva definición de personalidades encontramos usuarios con identidades multi-layers, desempeñando variedad de papeles que van desde el representado ante la sociedad, en la intimidad, en el lenguaje, en los ámbitos para-sociales, electrónicos, digitales y virtuales. Mismos que pueden darse en modalidad sincrónica y relacional. 

            La construcción del yo digital en Facebook, deriva del lenguaje, de la comunicación compartida y artifactual, de la transmisión y negociación de ideas, actitudes sígnicas y conductas paralingüísticas. Erving Goffman (1987) habla del humano como construcción interactiva al negociar, marcar y posicionarse discursivamente ante los demás. Estos actos de identidad fragmentada, hechos manifiestos y, la configuración de entornos cognitivos mutuos son los que posibilita Facebook de ahí que se formen, valoren y mantengan los vínculos.

En Facebook la información del sujeto en comunidad es accesible, fácil de procesar y resultará relevante en la medida que los usuarios aprendan a compensar (digital skills) las pistas conversacionales de orden simbólico, sígnico y no verbal.

¿Desde dónde logra esas habilidades expresivas? Retomando a Francisco Yus (2001) podríamos decir que se dan desde: 1) la pertenencia y adhesión a los grupos y comunidades donde compartirá ideas e intereses; 2) el sistema de relaciones que establezca con otros miembros; 3) los vínculos emocionales profundos; 4) el grado de compromiso que manifieste; 5) las historias compartidas que les lleven a intercambiar valores, preocupaciones, metas y símbolos; 6) el control y distribución de bienes colectivos como podrían ser regalos, videos y demás aplicaciones sociales; 7) la temporalidad de la interacción.

La ecología hipermedial que cohabita en Facebook permite el encuentro mediado, la práctica compartida y el reforzar, revitalizar y expandir la red de relaciones. La información contextual corpórea tan necesaria en la interacción cara a cara, es sustituida por la foto (Hidalgo, 2009) que puede ir de:

la imagen anzuelo: aquellas expuestas para captar la atención de otros y llamar de inmediato a la invitación a que los agreguemos como amigos;

la imagen espejo: que nos muestra en modo transparente, tal como son, detallando incluso virtudes y defectos de los cuales también nosotros nos mofamos;

la imagen simulación: los ubica en una pose, nunca como son, pero sí como les gustaría ser vistos

la imagen escénica: ubicada en espacios de representación, donde juegan un papel o rol con el cual quieren ser asociados o identificados;

la imagen emocional: la que al igual que el emoticon alude al estado de ánimo, en sí misma imagen señal de la cara oculta del corazón;

la imagen ilustración: caricatura desdibujada de uno mismo, porque es más fácil ser lo que otros han sido;

la imagen ausente: los que están sólo ocupando el espacio virtual como extensión del espacio fuera de línea, pero no pretenden abrirse a nuevas amistades, sólo ante aquellos que dicen conocer;

la imagen nostalgia; que esperan de la red un punto de reencuentro y concluir ahí lo que no pudieron terminar de decir en el pasado;

la imagen familia; que nace de la experiencia compartida con otros llámense familia o amigos;

• la imagen textual; en la que las grafías y los tipos cierran el círculo lingüístico;

• la imagen sonora; con la que el interlocutor establece ecos simbólicos paralingüísticos;

la imagen hipertextual; que remite a otros discursos grupalmente significativos;

• la imagen intertextual; autoreferencial y que lleva al visitante a la exploración e inmersión en otros intereses que desea el autor hacer evidentes.

La revelación al otro en Facebook no basta, por ello se busca en todo momento humanizar el espacio subrayando elementos esenciales de la vida para dar la sensación de un co-habitar, de la sensación de vecindad y familiaridad, del encuentro ocasional.

La economía del movimiento

Paravivir en comunidaden el corazón de Facebook la confianza, la cooperación, la legitimidad, la lealtad, la expresión y la expresividad gráfica son vitales.

Twittear, actualizar el estado, modificar constantemente la imagen del perfil, dar un toque, invitar a eventos, enviar un saludo de cumpleaños, compartir enlaces, sincronizar el estado con Blip.fm, Blip.tv y otras aplicaciones sociales, enriquecen simbólicamente la extensión de la persona real y posibilitan tanto el diálogo interactivo textual sincrónico como el asincrónico.

Ananda Mitra (1997: 59) afirma:los textos intercambiados en Internet son artefactos que mantienen a las comunidades virtuales unidas, así como indicadores de qué dirección están tomando. Las identidades dentro de la comunidad se producen sobre todo por la forma en la que los participantes se presentan, ellos mismos, dentro del discurso. En consecuencia, la naturaleza textual de las comunidades virtuales es su rasgo más sobresaliente. Es pues el texto, reforzado con la imagen, el sonido y el video que se explicita la identidad del facebookero para dejar de ser una fabricación intelectual descorporeizada y pasar a ser un sujeto encarnable. 

La interacción conversacional y el involucramiento en ella hace presente a los interlocutores sin importar en qué parte del mundo se encuentren. Las meta-representaciones producto de todo este intercambio dinamizan al individuo y unifican los 3 modalidades del yo virtual de Steven Jones (1997): el yo sentado frente a la computadora; el meta-yo que se presenta en el medio virtual y perciben los demás; y el yo metaficcional que  opera como un yo alternativo dentro de los límites de la realidad conversacional y que juega a ser el que se manifiesta.

Este jugar al yo, al nosotros, al ustedes y ellos, finalmente termina proporcionando significados, valores y sentidos. Roger Silverstone (2004) vincula este proceso con el seducir al espíritu y cautivar el intelecto situándose al centro de nuestra capacidad o incapacidad de comprender el mundo en que vivimos, reflexionar sobre el otro y entenderlo.

Facebook y sus herramientas pasan a ser para los nativos digitales en continuidades del habla, en modelos de lo que somos.Los actos y los acontecimientos, las palabras y las imágenes, las impresiones, las alegrías y las aflicciones, e incluso las confusiones, resultan significativos en la medida en que pueden relacionarse entre sí dentro de algún marco a la vez individual y social(Silverstone, 2004: 27).

Seguir al otro implica rastrear cómo participan en la vida social y cultural fuera de línea. Por ello Facebook es seductor y adictivo; por su capacidad de circular los significados de un texto a otro; de un discurso a otro; de una representación a otra; de un acontecimiento a otro.  Adicción que se va concretando e intensificando en la medida que el usuario se acostumbra a recibir respuestas cada vez más rápido y por mayor número de gente.

 

Yo soy mi Facebook

El texto como cuerpo; el texto como representación; el texto como mediador; el texto como conciencia, el texto como existencia. La conexión entre texto, imagen, ojo y memoria, es la conexión de sentido entre los hablantes en la red. Esta dimensión figurativa es una dimensión existencial. Somos información, estructura y narrativa. Somos en la mente del otro, la corporeización de todo lo que aparecen en el perfil. Facebook nos propone, dibuja y materializa desde la mímesis que posibilita el texto.

Si la mímesis es actuación vaya manera de actuar en el mundo. Ya lo decía Goffman (114):en esos escenarios en los cuales hacemos lo que hacemos como exhibición, para impresionar a otros y definir y mantener nuestra auto-percepción, un sentido de identidad; escenarios que a su turno dependen de los bastidores donde, invisibles para nuestra audiencia prevista, podemos preparar el maquillaje y la transformación.

            Para quien Facebook es la vida, la conexión es indiscutible y comprometedora y se vuelve tan real como lo real, dado que el mundo en el que vive es parte del mundo que construye.

El texto como interfaz en el imperio de lo visual conecta la vida social con la vida de significados.  La feudalización de Facebook por parte de los nativos digitales no sólo está dada por los entornos de consumo, sino como un reclamo de espacios donde se concrete lo mediáticamente público y privado.

Estar siempre disponible en ese pequeñorincón del mundo-hoy primer universo para la Generación My Social Media- los hace sentir en casa, en un mundo donde los sin techo son los que se han quedado fuera de la aldea digital.

 

Referencias

Aguilar García, T. (2008) Ontología Cyborg: el cuerpo en la nueva sociedad tecnológica. Barcelona: Gedisa.

Anderson, C. (2006). La Economía Long Tail: de los mercados de masas al triunfo de lo minoritario. España: Tendencias editores.

Buckingham, D. (2008). Más allá de la tecnología: Aprendizaje infantil en la era de la cultura digital. Buenos Aires: Manantial.

Burbules, N. (2004).La red como un lugar retóricoen Snyder, I., Alfabetismos digitales: comunicación, innovación y educación en la Era electrónica. España: Ediciones Aljibe

Goffman, E. (1987). La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu.

Hidalgo, J. (2009). La poética de Facebook, ante la caverna digital. Recuperado el 9 de mayo de 2009 en: http://www.facebook.com/note.php?note_id=66179470139

Jones, S. (1997). Virtual Culture: identity and communication in cybersociety. USA: Sage Publications.

Mitra, A (1997) Virtual commonality: Looking for India on the internet.  En Jones, S. Virtual Culture: identity and communication in cybersociety. USA: Sage Publications

Tapscott, D., Williams, A. (2007). Wikinomics: La nueva economía de las multitudes inteligentes. Barcelona: Paidós.

Tubella, I., Tabernero, C. & Dwyer, V. (2008) Internet y televisión: la guerra de las pantallas. Barcelona: Ariel

Silverstone, R. (2004) ¿Por qué estudiar los medios? Buenos Aires: Amorrortu.

Snyder, I. (2004). Alfabetismos digitales: comunicación, innovación y educación en la Era electrónica. España: Ediciones Aljibe

Watts, D. (2006) Seis grados de separación: la ciencia de las redes en la era del acceso. España: Paidós

Yus, F. (2001). Ciberpragmática: el uso del lenguaje en internet. Barcelona: Ariel.

sábado, enero 31, 2009

La poética de Facebook, ante la caverna digital


La poética de Facebook, ante la caverna digital
Jorge Alberto Hidalgo Toledo

El mundo está ávido de decir y no callar. Todos tiene algo que compartir, qué expresar. Palabra, imagen, sonido; la posibilidad de marcar el mundo, de dejar un rastro, una pequeña pista para que sea el otro quien descifre el enigma de nuestra propia existencia. Mostrar y dejarnos ver todo. Poco a poco. No nos resulta suficiente el cara a cara, por ello, la palabra fluye y recorre la red buscando un espacio, una pantalla, una interfaz por la cual puede salir y mostrarse; mostrarnos.
He ahí la bondad del Internet, los foros de discusión, los chats, las redes sociales, la web 2.0. El ciberespacio; una nube, un único e integrado punto de referencia por el cual se interconecta toda nuestra existencia. La vida misma hipervinculada. Suscrita y sindicada en formato RSS. A la vista y descargable, podcasteable.
Quién como nosotros para aceptarlo como amigo y agregarlo a nuestra lista interminable de contactos; de referencias; de espejos encarnados en avatares, fotogramas o animaciones en formato .GIF.
¿Por qué esta imagen y no la otra? ¿Por qué escogemos a detalle la palabra, la figura, la canción, el video o el regalo a compartir? ¿Qué queremos validar?
Estar en el mundo, ser parte del mundo, integrarnos al mundo y salir del encajonado espacio en el que nos tocó vivir es para muchos más que una razón para explorar la red.
Hi5, Facebook, Unik, Freindster, Sonico, Metroflog, Blogger, Typepad, Wordpress, YouTube, Flickr, Slideshare, Myspace todos ellos una ventana de nosotros al mundo. Una posibilidad de acentuar las señales de vida y decirle al hombre mismo: aquí estoy y sólo no me basto.
Facebook, como muchos espacios de la web 2.0, atraen en sí por la posibilidad de hacer del mundo nuestro propio cuarto; ese pequeño y privado espacio donde guardamos secretos, colgamos el póster del artista admirado, donde leemos los textos más apasionados y escuchamos las tonadas más vibrantes.
Facebook es eso, uno de los pocos espacios que la Generación Mi Medio guarda como propio. Mi espacio (mi perfil), me pertenece sólo a mí y yo decido quien lo ve y quién entra a mi universo. No tener uno, es como no estar en el mundo. Construir mi blog, mi canal, mi perfil, mi Facebook, es construir mi propia identidad de cara al otro. Siempre pensando en ser visto y cómo quiero ser visto y en algunas veces tal como soy -aunque eso se desdibuja poco a poco con el tiempo, con mis posts.
Construir mi Facebook es modelar, diseñar, maquetear, esculpir el propio yo desde fuera. Desde la mirada del otro. Atendiendo aquello en lo que se fijan los que están buscando y lo que quieren encontrar. Me boceteo, tal como me gustaría ser encontrado si alguien me googleleara.
En el mundo real me ven y me descubren. en la red, me invento y me proyecto tal como quisiera el otro, encontrar a alguien como yo.
Construir un Facebook, no sólo posibilita el mostrarnos a los otros, sino encontrar a otro como nosotros. Por eso nos abrimos lo más posible. Por eso nos mostramos, como pocas veces lo haríamos en el mundo, por que aquí a la primera aparecerá alguien que busca alguien como yo; con los mismos intereses, gustos y pasiones. Así me evito romper las leyes, el hielo y las pantallas múltiples del primer encuentro cara a cara.
Sin conocer ya te conozco, ya me conoces. Con sólo ver mi muro, sabes lo que pienso y lo que expreso; con quien hablo y lo que callo. Ahí está casi todo sobre mí; lo no escrito, también está legible. En la red se afinan las sensibilidades, se agudizan los sentidos simbólicos, se estimula la inteligencia mediática. Cada color, cada banner, cada aplicación social configura una iconósfera que con el tiempo cada hombre aprende a descifrar.
Participamos en grupos, aceptamos invitaciones. A través de ellos nos validamos consensualmente. Acepto mis afinidades y me suscribo a aquellos donde sé que hay gente como yo. Que no me cuestionaran, que no confrontarán mis principios, que no me intimidarán con argumentos detractores o señalamientos.
El grupo es un escudo humano; una coraza; una burbuja con la cual nos sabemos únicos, pero no solos en el mundo. El yo que se acompaña es el nosotros de Gabriel Marcel. Es el yo que se realiza en los otros.
Yo soy mi mundo y mis circunstancias. Yo soy mi grupo y sus causas. Mis batallas se vuelven nuestras. Sus pasiones se vuelven mías. En el grupo, las búsquedas se realizan, los hallazgos se multiplican, al aprendizaje se acelera y la inteligencia establece sinapsis en modo exponencial.
El grupo es la prueba viva de la inteligencia colectiva; el vehículo de la comunicación solidaria; del trabajo desinteresado cuya materialización es vista siempre como bien común.
Participamos en aquellos que nos dejan expresarnos; aquellos en los que nos reconocen; en los que se expresa una valía por nuestros aportes. Estar en un grupo o miles a la vez es la posibilidad misma de la omnipresencia. Porque estar en uno es estar en todo y en todos los puntos a la vez. La red permite eso, establecer vidas múltiples y paralelas y no perderme nada por estar en un punto y no en los otros como ocurre fuera del contexto on-line.
Una espera como beneficio de todo grupo establecer una comunidad virtual; es decir, una pulsión de pulsiones. Un complejo, una galaxia de amistades que ante la cohesión atómica de los gustos afines y las preferencias seamos uno. Estar en el grupo es ampliar nuestra red de contactos, servir de nodo para el encuentro de los otros. Tener un espacio seguro para la expresión.
El grupo, corazón del proceso activo de la socialización humana es la matriz que permite la interconexión. Expresarse en el grupo es grafitear el mundo.
Las ideas, valores, conductas, acciones y reflexiones que nacen en su seno, son quizá los mismos que nacen fuera de línea pero sin filtros y siempre mediados. Mediamos, remediamos e hipermediamos. Cada uno emisor, canal, medio y receptor es el mensaje. Lo que en el grupo fluye no son ideas, son personas; no son conductas, sino motivaciones; no son acciones sino intenciones. La reflexión que ahí se expresa es la del reconocimiento de la propia naturaleza.
En el grupo, como en la caverna de Altamira queda siempre el rastro no de la multitud, sino de las individualidades. Cada comentario es dígito, apéndice de nuestra mano que se plasma en la caverna digital.
En Facebook todo se hace visible y ese el propósito. Lo que pesa es lo que digo y a quien lo digo; quien me acepta y a quien acepto. Cuánto soy capaz de apretar el tejido, el punto del telar social es el gran desafío.
Fuera de línea todo el esfuerzo es invisible. Las amistades, los grupos, las afinidades, los temas y logros compartidos. Fuera de línea nada es tangible, el mundo se vuelve un gran imaginario.
En el continente signocrático, cada individuo es una alma por evangelizar. El facebookero se mueve en las "indias digitales" como misionero construyendo altares, templos y misiones. Su gramática, comprensiva entre el nativo y el nómada digital le permite rápidamente tender un puente común; en línea no hay conquista sino encuentro. No hay choque sino engranaje de culturas. No hay división sino hibridación.
En la red cada hombre se siente libre; la estructura hiperjerárquica potencializa la democracia y la toma siempre de control.
Eso sí, jamás la red será como el mundo fuera de línea. La red es la conquista misma de la Utopía. La Nueva Atlantida de Bacon, la Ciudad del Sol de Campanella se hacen tangibles en el ciberespacio. La ultraterrenidad de la nación icónica es la pradera de las libertades. La única historia deleznable del mundo que se narra, es la del mundo "real"; aquel que fuera de línea posibilita que los corderos devoren a los hombres.
En Facebook cada persona se vuelve un narrador; un cronista de su propia existencia; un compilador, en tiempo real de su propia configuración. En la tierra fértil de la red, cada hombre, blando como la cera se muestra sin malicia como un nuevo Adán pero sí con la codicia de captar a otros.
A través de cada imagen puesta en el perfil, las personas gritan cuánto están dispuestos a abrirse a los otros.
Así encontramos:
• A los de imagen anzuelo: aquellas expuestas para captar la atención de otros y llamar de inmediato a la invitación a que los agreguemos como amigos;
• los de imagen espejo: que nos muestra en modo transparente, tal como son, detallando incluso virtudes y defectos de los cuales también nosotros nos mofamos;
• los de imagen simulación: los ubica en una pose, nunca como son, pero sí como les gustaría ser vistos
• los de imagen escénica: ubicada en espacios de representación, donde juegan un papel o rol con el cual quieren ser asociados o identificados;
• los de imagen emocional: la que al igual que el emoticon alude al estado de ánimo, en sí misma imagen señal de la cara oculta del corazón;
• los de imagen ilustración: caricatura desdibujada de uno mismo, porque es más fácil ser lo que otros han sido;
• los de imagen ausente: los que están sólo ocupando el espacio virtual como extensión del espacio fuera de línea, pero no pretenden abrirse a nuevas amistades, sólo ante aquellos que dicen conocer;
• los de imagen nostalgia; que esperan de la red un punto de reencuentro y concluir ahí lo que no pudieron terminar de decir en el pasado;

Múltiples son los rostros que fluyen en Facebook y esa diversidad se potencializa en el álbum. En el complejo gráfico debe quedar asentada la vida pública, la memoria, lo que da sentido y significado al día con día.
De igual forma el video pretende dar movilidad a los recuerdos. Hace del pasado un eterno presente. Un acontecimiento para quien no estuvo ahí. Con el video nos colocamos en todos los rincones del mundo, nos sensibilizamos de las realidades diversas y nos tornamos empáticos a la actualidad del otro.
Un nuevo imaginario es el que se vislumbra en el sendero invisible de la red. Al igual que en la caverna de Platón, nos encontramos con sombras y mundos sensibles. Con objetos que se proyectan y entidades proyectadas. Un juego de luces y sombras que entre la irrealidad de su realidad hacen posible en muchos "un mundo feliz".
La irregular topografía de la red facilita, como expresa Thomas Friedman que la tierra sea plana. Y más se aplana, cuando más datos personales encuentra el otro como referente común. Dos hombres en una pradera juntos forman comunidad.
La dualidad infranqueable de los dos mundos: el de fuera y el en-línea es una confrontación entre el mundo físico, el histórico, el personal y el del anecdotario.
Esta comunidad de hombres no es en sí misma un lugar que no hay, porque aunque no se define su estancia en el tiempo y el espacio, su lugar concreto es la imagen y la palabra, ese lugar donde se dio el primer gesto que permitió a la especie sapiens sapienes distinguir el golpe de una piedra de aquel que la arrojaba. Es pues es en la palabra donde germina el deber ser en el ser y el ser en el deber.
He aquí Facebook es tierra de nadie que como un nuevo Edén, a base de palabras nos vino a juntar. Sin duda, sólo por cronología, nos aproximamos a Babel.