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jueves, abril 10, 2008

LA CENTRALIDAD DE LA PERSONA HUMANA EN LA ACCIÓN COMUNICATIVA



Jorge Alberto Hidalgo Toledo[1]

¿Qué es la comunicación sino un acto referencial dotado de sentido y significación? Y decimos referencial porque es a través del lenguaje y su carácter comunitario que invocamos, evocamos y se nos “autorrevela el mundo” (Cassirer, 1985, p. 18) para conquistar con ello nuestra propia condición existencial. Esta interacción sintáctica y dinámica entre la materia, el individuo, el lenguaje, la comunicación, la percepción y la inteligencia es la que permite unirnos semánticamente a los demás seres morales y compartir con ellos valores, tradiciones, costumbres e ideas enriqueciendo la experiencia vital.

De esta forma, la comunicación constituye, no una intención vacía como creía Husserl sino como bien apunta Sastre, “una experiencia trascendental” (Sartre, 2000, p. 307); una relación de compromiso que sobrepasa la gramática, la realidad y el mismo lenguaje.

Comunicar es “extender la mano” (López Quintás, 1968, p. 125), es encuentro, es intimidad, es vincularse con el otro, es diálogo, es entrega, es darse al otro; lo que la hace sinónimo del amor, porque cada cual se hace persona al hacerse el yo responsable del (Buber).

La comunicación, no es un mero accidente que ocurre entre los hombres; por ello, hoy día, se distingue de informar[2]. Comunicar, por el contrario, es dotar de significado las cosas del mundo; lo que significa, dotar de sentido a la existencia misma.

Con ello, quiero apuntar que es la persona el centro y el destino de la acción comunicativa. Lo que debería llevarnos a creer que en cada palabra vertida en un periódico, en cada imagen transmitida en tiempo real por un noticiario televisivo, en cada sonido emitido por la radio debería haber, como afirmaba Gabriel Marcel, una “certeza existencial” (Sanabria, 2000, p.155), pero no la hay.

Esta invocación recíproca de encuentros interpersonales es la ontología misma de la comunicación. Quienes buscamos el “Ser” de la comunicación, en el fondo buscamos al hombre mismo.

Siendo la humanidad entera la que se oculta detrás del fenómeno comunicativo es vital analizar la función de los medios y ver si estos, en verdad, están al servicio del hombre.

La interacción simbólica que se ha tendido en Internet y la convergencia tecnológica, ha puesto al descubierto la ausencia de un rostro y la desnudez del cuerpo. Por ello, podemos hablar de indigencia comunicativa, de egoísmo simbólico, de extranjeros gramaticales, de ausencias cognoscitivas, de despojo mediático, de soledad significativa, de pobreza informativa, de miseria existencial.

Quizá el problema más grave y evidente de la comunicación en la era digital no sea la brecha informativa sino la ausencia de una metafísica significativa que permita nuevamente la posesión del mundo y la instauración de una comunidad universal de personas por el don de la comunicación.

Devolver el sentido trascendente a la acción comunicativa implica volver los ojos a la centralidad de la persona, al reconocimiento y valoración del otro, a la ética y a los fundamentos de los medios: servir para buscar el bien común; unir, para construir a través de la solidaridad una verdadera aldea global; y equilibrar con justicia a la sociedad.

He aquí la revisión bioética de la acción comunicativa en la era de Internet. Regresemos al “ser a su morada” (Heidegger, 1987, p. 26); registremos la propia existencia y sus condiciones ética y personalista para hablar nuevamente de significación y sentido en la acción humana; para entender nuevamente la comunicación como la mediación ética del mundo[3].

Esta manifestación del hombre, esta radicalidad de la persona humana conlleva la idea de la comunicación. Es decir, si la persona humana es en el mundo, es porque es con-los-otros.(Forzán, Hidalgo, 2005)

Ese ser-con-los otros es posible gracias al lenguaje, a la expresión del espíritu que dota de contenido a los objetos y a la persona misma. Para conservar la unicidad de la persona y llegar a ser, es necesario contar con los medios para desarrollar la virtud (Fromm, 1986, p. 39), para colocarnos ante nuestra propia naturaleza y dominarla.

En función de nuestro objeto de estudio, los medios masivos de comunicación, si han sido mediados por la ética, determinarán la acción del hombre sin perder de vista que el fin es el hombre mismo. Lo que nos lleva a afirmar que los medios están al servicio de la persona.

Hoy día filósofos, comunicólogos, antropólogos, sociólogos y politólogos hablan de la necesidad de contar con medios de comunicación libres y responsables para la creación de sistemas democráticos donde prime la libertad de expresión y prensa. Para ello, han creado múltiples modelos y teorías de responsabilidad social, códigos de ética, vías de autorregulación y legislación para justificar el buen actuar de los medios ante la sociedad civil.

Muchos han sido los estudios dedicados a los efectos de los medios y los intentos para establecer un uso ético de los mismos. Pero, ¿podemos hablar realmente de ética mediática si limitamos los esfuerzos a generar legalismos, normativas y códigos de conducta más que intentos por visualizar a los medios como herramientas colaborativas para devolver el lugar del hombre en el mundo?

Esta reubicación del hombre, debe partir necesariamente del entender que los medios están al servicio del hombre. Pero, ¿qué implica este servicio? Cuando hablamos del “servicio” que prestan los medios de comunicación, nos referimos a su aportación para lograr un factor de crecimiento y progreso humano, progreso de la verdad del hombre, progreso cultural, social y económico. De ahí que en términos concretos busquemos que los medios de comunicación estén a la “defensa de la promoción de la verdad integral” (Casales, 1985).

Los medios deben servir para encontrar respuestas verdaderas; para desarrollar las habilidades; para conocer, compartir y comunicar las intenciones, deseos, sentimientos, conocimientos y experiencias; para comprender, actuar con libertad y progresar; para establecer relaciones, solidarizarnos; para enriquecernos intelectual, moral, social y espiritualmente; para promocionar los valores humanos y la vida humana; para realizar un encuentro entre hombres, culturas, ideologías, historias y signos trascendentes.

Cuando los medios y las nuevas tecnologías de información, pierden este sentido de utilidad, se pierde con ello el sentido de la condición humana y se terminan agrediendo: la dignidad humana, los valores universales, la cultura, los sistemas económicos, políticos y sociales.

La comunicación que se sostiene de la experiencia común, solidaria y caritativa –porque ofrece lo mejor del otro- termina construyendo el cuerpo del mundo. El rostro y la identidad que tomará se define como lengua viva; pues serán los hombres los que moldeen el mundo para mejorar su calidad de vida y no los medios los que moldeen sus opiniones y los aspectos fundamentales de su vida. Cuando los medios “sirven”, construyen, “unen y solidarizan” (Redemptoris Missio, 1990, 37); justifican la existencia, rompen con la soledad y nos llevan a la plenitud.

La acción fecunda de los medios es aliviar la indiferencia, eliminar el aislamiento, desbancar el rechazo, derrotar el egoísmo, reconstruir la incomprensión, diluir “la tonalidad grisácea de la existencia” (Serrano, 1970, p. 45).

La soledad del hombre tecnológico, es la de aquél que ha visto pisoteada su intimidad por los abusos de la imagen, los vacíos de la palabra, los silencios informativos, la mezquindad de la manipulación, la persuasión de la indecencia, la falta de responsabilidad social y una ética en los medios.

Todo esquema formal e informal de control de los medios debe trascender las leyes y reglamentos para contemplar algo más que códigos de conducta. Una ética integral debe contemplar todos los aspectos de la persona humana y su interrelación con el medio. Los medios como bien señalaba Xavier Zubiri deben servir para “realizar la vocación humana, ser de verdad hombres” (Zubiri, 1987, p. 259).

De esta manera, los medios dejan de ser una “fuerza ciega de la naturaleza fuera del control del hombre” (Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Ética en las Comunicaciones Sociales, 2000, 1) y pueden ser usados con fines buenos o malos ya que ellos no hacen nada por sí mismos, sino por la acción de los hombres.

Es por los fines, la participación del hombre, su uso como herramientas, el grado de bondad o de maldad con que se produce la acción comunicativa que los medios deben estar mediados por la ética. Dependiendo del grado de mediación de ésta última, podremos hablar del aumento de la empatía, la compasión, la solidaridad, el odio, el narcisismo o la soledad entre los hombres.

La Constitución Pastoral Gaudium et spes apunta: “Los medios deben hacer consciente al hombre de su dignidad, a comprender los sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad mutua, y a crecer en libertad personal, en el respeto a la libertad de los demás y en la capacidad de diálogo” (1966, 30-31).

Emmanuel Mounier se anticipó a estas líneas cuando comentó: “Una persona es un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia e independencia de su ser; mantiene esta subsistencia por su adhesión a una jerarquía de valores libremente adoptados, asimilados y vividos por un compromiso responsable y una conversión constante: unifica así toda su actividad en la libertad y desarrolla por añadido a golpe de actos creadores la singularidad de su vocación. Es en la comunidad, en la relación concreta de comunicación con los demás, donde realmente se constituye la persona”. (Mounier, Manifiesto al servicio del personalismo).

Si como bien apunta Mounier, los hombres necesitan satisfacer su necesidad de información para tomar decisiones, autoconfirmarse en el mundo y reproducir con ello un régimen democrático, justo y solidario, la inhibición y el bloqueo de la posibilidad de expresión y acceso a la información, se vuelve un atentado contra la posibilidad de realización de la persona.

Para bien de las personas, la sociedad y la democracia, los medios no deben ser amenazados por los poderes coercitivos en una sociedad; y por otro, para luchar a favor de la libertad de expresión, los responsables de la comunicación deben esforzarse más por averiguar la veracidad de los hechos.

Si los medios han de cumplir su función de ser la conciencia crítica de la sociedad frente a los demás poderes, hay que seguir insistiendo en la evaluación acuciosa de los hechos, la profundización en la actuación como servidores de la sociedad y no de los poderes políticos y el que se garantice el acceso a información fiable, plural y veraz al servicio del bien común. (Hidalgo, Baran, 2005).

Si los medios habrán de promover la realización humana no podemos dejar de mencionar que en la era digital se han desencadenado una serie de atentados contra los valores morales, abusando de los medios para colocarlos al servicio del mercado y no de la persona humana.

Juan Pablo II nos enseña en su Encíclica Centesimus Annus: Sí que los medios desempeñan un papel importante en la economía del mercado y es un hecho que la comunicación social sostiene negocios y comercios; pero por encima de ello está el que “contribuyan a estimular el progreso y la prosperidad, que promueva mejoras en la calidad de los bienes y servicios existentes, permitiendo que las personas hagan opciones informadas y que les ayuden a tomar decisiones que les potencien el espíritu cívico y solidario”. (1991, 34)

Hablar de los medios de comunicación en la era de Internet nos lleva a pensar necesariamente en la manera en cómo están impactando estos a la cultura, a la educación y a la espiritualidad de las personas.

Si queremos que los medios se comprometan con el hombre y su diálogo con la verdad, deberán cumplir con su deber como nos señaló el Santo Padre: “atestiguar la verdad sobre la vida, sobre la dignidad humana, sobre el verdadero sentido de nuestra libertad y mutua interdependencia” (Juan Pablo II, Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1999, 2).

La teoría de la Responsabilidad Social de los Medios ofrece esquemas interesantes, tanto formales como informales para controlar a la industria mediática y verificar que los profesionales cumplan responsablemente con su deber. Pero, ¿podemos ir más allá de las leyes y los reglamentos?

La ética, en su propia ontología nos ofrece la gran solución; puesto que consiste en reglas de conducta y principios que guían la acción humana y nos ayudan a decidir responsablemente ante ciertas situaciones (Hidalgo, 2005).

Es la misma ética la que nos ayuda a discernir racionalmente equilibrando los controles externos formales (leyes, reglamentos, códigos de ética) y los internos (tanto los de la industria como los personales).

La aplicación de la ética en los medios nos permitirá encontrar las respuestas que mejor defiendan moralmente a un problema para que el respeto, la justicia, la bondad, la belleza y la dignidad humana se mantengan vigentes.

Si cada comunicador parte de la ética para definir su posición ante cada problema que cubre, terminará por un lado, profundizando en el conocimiento de sí mismo y, en segundo lugar, definiendo hasta dónde puede garantizar que lo comunicado ayude a la construcción de la identidad del otro.

La ética, cuando es aplicada, ayuda a equilibrar intereses contradictorios y no limita al comunicador a operar sólo en función de lo que está o no permitido por un código normativo empresarial.

Los medios cumplen una misión trascendental que es unir a los hombres. Si este objetivo se realiza partiendo de la ética, servirá para difundir la verdad, hacernos más conscientes de la dignidad de la persona, más responsables, más tolerantes y abiertos a las necesidades de los demás, para con ello participar en actividades que favorezcan el bien común.

Al ser los medios simples instrumentos al servicio del hombre, no son ni buenos ni malos por sí mismos; pero sí pueden llevar mensajes enriquecedores y formativos o violentos, vulgares y obscenos que formen en la persona opiniones o construcciones erróneas o acertadas del mundo.

La ética mediática se hace presente cuando la intención (de quien envía el mensaje), promueve o no valores (el mensaje mismo), para que alguien realice o no actos morales (interpretación, respuesta y retroalimentación).

Muchas son las fórmulas que se han buscado para respetar a la persona, promover el interés público, garantizar su crecimiento intelectual, cultural y espiritual. Todas ellas son medidas positivas que están funcionando y que podrían hacer un bien mayor si no pierden de vista que los medios deben estar el servicio de la familia humana y que en la medida que se ajusten a modelos éticos darán más sentido a la vida de las personas.

La apuesta por la mediación ética puede traer beneficios en múltiples planos. Su práctica e impacto puede llevar a la realización de la persona y a que esta alcance la felicidad.

A continuación expongo en qué puntos la ética puede ser la clave para mejorar la actuación de los medios.

· En lo económico. Los medios impulsan los mercados y sostienen muchos negocios gracias a la publicidad. También son ellos los que estimulan el empleo y promueven mejoras en la calidad de los bienes y servicios. En la medida que los medios fomenten una competencia sana y responsable que derive en una mayor y mejor información para la toma de decisión y promuevan en las empresas la responsabilidad social podrían contribuir en la justicia social.

· En lo político. La transmisión de mensajes apegados a la verdad y sin pretensiones ideológicas manipuladoras, podrían beneficiar a la sociedad para que las personas participen más en los procesos políticos. Si ya están uniendo a las personas, qué mejor que lo hagan para alcanzar propósitos y objetivos comunes. Un país que se diga democrático y que no cuente con medios éticos, está mintiendo, ya que estos serían los encargados de llamar la atención en casos de incompetencia, corrupción, abuso de confianza o promover la competencia, el espíritu cívico y el cumplimiento del deber.

· En lo cultural. Son los medios los que acercan a las personas a actividades como el arte, la música, el teatro, la literatura y promueven con ello el desarrollo humano al buscar la promoción del conocimiento, la sabiduría y la belleza. Los medios, si apuestan por la ética, podrían llevarnos a entender las prácticas culturales y las tradiciones de los demás pueblos; así como a valorar nuestro patrimonio cultural y preservarlo.

· En lo educativo. Los medios ofrecen herramientas e instrumentos complementarios a la formación de niños, adolescentes, padres de familia y ancianos. Gracias a su nivel de penetración, la educación puede llegar a los sectores más marginados y ofrecerles una visión esperanzadora del mundo. Si se emplean adecuadamente, podrían ser fuente de progreso social.

· En lo personal. Los medios pueden enriquecer la experiencia vital al transmitir mensajes, noticias, ideas y acontecimientos positivos que inspiren, alienten y lleven a las personas a participar en hechos trascendentales. Tanto la formación intelectual, cultural y espiritual se puede beneficiar de palabras e imágenes constructivas.

No está demás insistir en que todas estas formas de comunicación ética y sus beneficios, no son simples manifestaciones de ideas ni expresiones de un sentimentalismo; para que los medios sirvan realmente a la comunidad deben estar entregados por entero al respeto del bien común, la promoción del ejercicio de la libertad y el atestiguar la verdad sobre la vida y la dignidad humana.

Juan Pablo II escribió en su más reciente Carta Apostólica El rápido desarrollo: “Los contenidos tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información”. (2005, 9).

Ya lo decía Mounier, para desarrollar una sociedad personalista, hay que salir de uno mismo; hay que comprender al otro acogiendo su diferencia; hay que asumir el sentido del dolor, la pena, la alegría y labor de los otros para dar, para entregarnos y ser fieles a la existencia. Amar realmente al otro, aseguraba Marcel, es amarlo en Dios. La comunicación es el puente entre el misterio y el abismo. La comunicación no es un símbolo, ni una herramienta. La comunicación no es un salto al vacío, ni una representación absurda. La comunicación no es un combate entre los hombres.

La comunicación es sentido y trascendencia. Es una autentificación de la persona. Es afirmarnos en el mundo. Es entregarnos a los otros. Es dar la vida por los otros.

Si el hombre, perdió el sentido del ser de la comunicación, es porque nunca aprendió a decir Dios.

Bibliografía

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[1] Comunicólogo por la Universidad Anáhuac. Maestro en Humanidades por la Universidad Anáhuac. Fue Miembro del Comité de Misión, Visión y Valores de Televisión Azteca. Se ha desempeñado como periodista publicando en diversas revistas especializadas y periódicos nacionales. Es editor de la comunidad de Comunicadores Católicos de Catholic.net y Director de Medios de Global Content. Se desempeña como académico e investigador adscrito al Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) en la Universidad Anáhuac.

[2] Entiéndase como un simple intercambio intrascendente y multidireccional de datos sin más sentido que la respuesta.

[3] Si las personas se construyen en función de los discursos interpersonales e históricos, habría que entender que existen puentes que permiten, como afirma Jesús Martín Barbero (1987), “reconstruir la cultura”. De este modo, los medios deben mediar las acciones bajo un marco ético; así las acciones personales, simbólicas, interpersonales y organizacionales responderían: a una ley natural, a mantener la centralidad del hombre, a elevar su dignidad y mantener el bien común conformando una red de sentido que devuelva al hombre su humanidad.

o de 2005.

sábado, febrero 24, 2007

REFLEXIONES SOBRE COMUNICACIÓN, EDUCACIÓN Y MEDIOS MASIVOS DE INFORMACIÓN


Por: Carballo Riva Palacio Guadalupe

INTRODUCCIÓN.
Hoy en día nos encontramos inmersos en la era de la información, donde la educación sufre cada día cambios, tanto en forma como en fondo. Ahora ésta se está enriqueciendo con el uso de tecnologías que permiten nuevas experiencias en los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Estos cambios de fondo son propiciados por las necesidades de la industria y la sociedad a las que se enfrentarán los alumnos cuando terminen la escuela, así como por la adopción de estas tecnologías en su vida diario.


No debemos olvidar que el uso de las nuevas tecnologías debe verse como una herramienta, que ayudará a la resolución de problemas a los que se enfrentan los alumnos en la vida diaria.

La comunicación humana, como suma y síntesis de todos los demás tipos, tiene como objeto de estudio comprender y explicar los proceso y subprocesos de índole interactiva (comunicativa) que tienen lugar en la sociedad. Utiliza el lenguaje estructurando conceptual para poder interactuar con otros miembros de su misma especie.

En el proceso de la comunicación, los actores principales interactúan entre sí para decidir si participan en él (este es un acto volitivo). Cuando deciden hacerlo es desde un enfoque comunicativo donde ambas partes, emisor-receptor, emiten reciben tienen feedback vuelven a emitir mensajes.

Durante este proceso se fomentan las relaciones interpersonales, intrapersonales intergrupales, intragrupales (que son los subniveles de la comunicación). La cantidad de datos que emite el emisor que fluyen a través de la información van modificando la conducta del receptor.

Ahora me enfocará a un ámbito que, considero, es un terreno propicio para lograr el proceso comunicativo: la educación. En el ámbito educativo y, desde un enfoque comunicativo, los datos son transmitidos en forma que sea significativa para el alumno que los recibe.

El papel de los actores en este proceso ha cambiado mucho. En la educación tradicional el profesor era la autoridad en el salón: él era el único que lo sabía todo. El alumno era sólo un receptor de conocimientos, y se le consideraba un ser pasivo.

Después de investigar las maneras en que una persona tiene acceso a la información y aprende, en papel de estos actores ha cambiado. Ya hay una interacción entre los dos. Entre los dos construyen y se responsabilizan del proceso del aprendizaje. Al transmitir sus conocimientos, el profesor no lo hace de forma arbitraria, sino que ahora es un mediador, facilitador del aprendizaje. El alumno debe ser responsable de su propio aprendizaje, de decodificar la información transmitida, procesarla y aplicar los conceptos a situaciones reales a las que se enfrentan en su vida diaria, así logrará un aprendizaje significativo para él (Jack C. Richards, Reflective Teaching in Second Language Classroom, 1996).


Para lograr esta significación en el aprendizaje, el profesor debe transmitir clases interesantes, motivantes críticas. Primero debe hacer un análisis de los estilos de aprendizaje de sus alumnos. Este arrojará datos de cómo les gusta aprender. Alguno de estos será que prefieren ver la TV que asistir a la escuela porque también aprenden de ella. Como resultado de este análisis, hay que esta actualizados en estas nuevas formas de adquirir el conocimiento y traer estos medios de comunicación al salón de clases y hacerlos nuestros aliados.

Un medio de comunicación es un soporte y transporte de mensajes y respuestas. Hay diferentes clasificaciones de ellos, pero la que nos ocupa es: colectivos o masivos, ya que transportan información a grandes masas.

La presencia creciente de estos medios en la vida cotidiana de todos nosotros plantea un desafío, tanto a las instituciones sociales como a todos los miembros de la sociedad que participamos en ellas. Si comparamos los procesos de instrucción en el aula con la información que presentan los medios la primera estaría en desventaja. Lo que se ofrece en los medios a los niños, independientemente de que la consideremos valioso, les está permitiendo tener un conjunto de conocimientos que les son más oportunos para ubicarse y moverse en el mundo, en su vida cotidiana. Mientras que en la escuela se quiere producir una situación propicia para la enseñanza aprendizaje, los medios están reproduciendo situaciones reales, y, que además, facilitan el aprendizaje.

El desafío que enfrentamos como profesores es: hacemos a los medios nuestros aliados (como se mencionó anteriormente, o seguirán compitiendo contra nosotros como enemigos, haciéndonos perder relevancia en la educación de los alumnos y dejándonos marginados de su desarrollo educativo real, ese que sede fuera del aula. Como decía J. Dewey: si lo que nuestros alumnos aprenden fuera del aula es relevante para su aprendizaje dentro de la escuela, es obligación, nuestra como educadores, tomar en cuenta ese aprendizaje (citado en Scheffler, 19983).

Es necesario hacer de manera explícita una mediación que oriente los aprendizajes de los alumnos fuera del salón, que permita recontextualizarlos, sancionarlos bajo diversos criterios éticos y sociales y que permita aprovechar lo positivo que ofrecen los medios.


Los medios, como auxiliares didácticos, no recuerdan que los procesos de comunicación y aprendizaje tienen lugar no en la enseñanza, sino en la recepción o respuesta que dan los alumnos al mensaje o estímulo original. El aprendizaje no se define en e proceso sino en el alumno y sólo en parte depende del esfuerzo instructivo.

Lo importante, tanto en el proceso de aprendizaje como en el de la comunicación, es lo que sucede no en el externo de emisión sino en el extremo de la recepción, esta se logra, en parte, por las intenciones del emisor, y de qué formas se valió para poder transmitir el mensaje.

La Escuela Nacional Preparatoria, consciente de estos cambios tecnológicos, ha promovido proyectos en los que se busca un mejor desarrollo de las estrategias metodológicas, utilizando los programas multimedia con una herramienta didáctica, que reditué en la mejor preparación de sus alumnos.

En esta institución se ofrecen cuatro idiomas: Alemán, Francés, Inglés e Italiano, con el fin de que los alumnos egresados estén capacitados para enfrentarse a un mundo en el que la actualización en el conocimiento se ha vuelto una ley de supervivencia.

Actualmente no se cuenta con un servicio que permita el intercambio en la vida académica de los profesores de idiomas a través de la presentación, difusión y préstamo de material didáctico que frecuentemente es elaborado por los mismos profesores. Debido a esta situación gran parte de la riqueza didáctica se desperdicia o se pierde por no compartirla.

Uno de estos proyectos, que pertenece al programa de PAEHCSA, es la creación de centros de acopio de material didáctico para profesores de lenguas extranjeras, conocido como SEMDI. Cuyas siglas quieren decir Servicio de Material Didáctico para Idiomas. Este es un programa piloto que pretende contribuir al fortalecimiento de las lenguas extranjeras.

Los objetivos de este programa son:



  • Brindar material didáctico que sirva de apoyo para las clases de idiomas.


  • El uso de los mismos materiales por todos los profesores dará como resultado la homogeneidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje de la comunidad.


  • Los profesores dispondrán de material de consulta para preparar sus clases.


  • Este servicio cuenta con las más nuevas tecnologías, como son: computadora, impresora, scanner, videograbadora, radiograbadora, para que los profesores cuenten con material auténtico en sus clases, lo que contribuirá a que el aprendizaje sea más significativo.


  • El material existente en los SEMDIS logrará desarrollar las estrategias didácticas planteadas en los diferentes programas de idiomas.
    Servicios que otorga el SEMDI:


  • Contar con un espacio propio para producir, reproducir, organizar, intercambiar y difundir su propio material.


  • Apoyar con material de audio, video, Internet, etc, a la comunidad académica.

CONCLUSIÓN
Una de las características del proceso de educación es que es un acto volitivo o intencional, y es un proceso posible cuando se dan las características posibles, cuando las dos partes de este (profesor, alumno) están dispuestos a interactuar.


Este proceso de educación es instrumental ya que usa medios y recursos diversos para la transmisión de la información. Como medios se pueden mencionar des el individuo mismo y las estructuras sociales que lo rodean hasta los sofisticados medios masivos de información que estamos experimentando en este nuevo siglo.


Es por esto, la importancia que tienen los ocho SEMDIS de la Escuela Nacional Preparatoria. Como profesores debemos actualizarnos en estos medios masivos ya que muchos de nuestros alumnos están totalmente inmersos en ellos, sin lo hacemos los alumnos nos dejarían atrás en la carrera de la información.


BIBLIOGRAFÍA
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